· epílogo

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Había quedado con Louis, después de tanto tiempo aún éramos amigos.

Le vi llegar a lo lejos, cojeando y caminando con ayuda de su bastón.

—Harry amigo, ¿qué tal estás?

—Bastante bien, ¿y tu familia y tú?

—Mi hija ha empezado a llevar a la niña al colegio de primaria. Y su marido está muy bien también.

—Me alegro, ¿nos vamos?

Asintió y lentamente fuimos a coger el autobús. Nos dejó unas calles antes del cementerio, por el camino compramos unas flores.

Al llegar fuimos antes a la tumba de Zayn. Todos nuestros amigos habían muerto ya, nosotros dos éramos los únicos que quedábamos. Dejamos una de las flores que habíamos comprado. Estuvimos allí un rato, frente a sus restos.

—Fue un gran amigo.

—Fue mi mejor amigo, el mejor y quien más me entendía. — dije.

Seguimos e hicimos lo mismo en la tumba de Liam. Él fue el último en morir, había llegado a los setenta y ocho años. Y nosotros con setenta y nueve recordábamos y lamentábamos la falta de sus presencias.

Seguimos un poco más adelante y llegamos hasta la de Niall. Maldito Niall, su muerte había destrozado a Louis, ellos dos en todos aquellos años fueron los únicos que permanecieron unidos mientras que los demás después de lo que le ocurrió a Amber dejamos de dirigirnos la palabra e incluso si alguno de nosotros veía a otro se daba la vuelta y tomaba otro camino por tal de no toparse con esa persona. En cambio ellos nunca se llegaron a separar, habían sido de las personas más cercanas a Amber y se habían dado un total apoyo mutuamente. No podría decir quién de nosotros cinco fue el que peor lo pasó con ese asunto, lo único que podía asegurar era que todos sufrimos una verdadera tortura. Eran cosas que de verdad marcaban la vida de un adolescente, y nosotros en aquella etapa perdimos a dos buenos amigos, a Amber y Gordon.

Louis posó su mano sobre la lápida de Niall y la dejó ahí por unos minutos, repasó con su dedo el contorno del nombre grabado. El mensaje que Niall había querido que pusieran era el que había estado pidiendo a lo largo de su vida.

"Porque los mejores momentos son los que de verdad importan, los que se quedan grabados tanto en tu cabeza como en tu corazón. Los que te gusta recordar por las noches y con los cuales sonríes. Aquellos que te hacen llorar de felicidad nunca deben ser olvidados, porque significa que algo importante ha pasado, que alguien te ha hecho realmente feliz. Y yo doy gracias ya que a lo largo de mi vida he tenido muchos de esos, y no podría morir más feliz de lo que ya lo he hecho, así que a quien esté leyendo esto, quiero que sepas que fui una persona muy feliz y que tuve una buena vida."

Niall había sido la mejor persona que había conocido en toda mi vida y había sido un total privilegio para mí conocerle.

El siguiente era Gordon, no habíamos tenido una gran relación, pero mis amigos si habían pasado bastante tiempo con él. Una vez me contaron que defendió a Amber de un chico de su clase y que cuando estuvimos en Irlanda ella le abrió la cabeza con un bate. Y que había sido una gran persona y amigo. Y le daba las gracias desde ahí por haber cuidado de todos ellos.

Y la última parada de todas era mi querida Amber. No había conseguido olvidarla, nunca la había superado. Aún la quería.

Sí que había salido con otras chicas e incluso llegué a casarme, pero no funcionó. Nada funcionaba porque de alguna u otra manera ella siempre llegaba a mi pensamiento.

Me puse de rodillas con dificultad frente a su lápida, junto a la de ella estaba la de su hermano, tal y como lo había pedido antes de morir. Ser enterrada junto a él para estuvieran juntos para siempre. Y eso era algo precioso, Amber había querido muchísimo a su hermano.

Dejé una rosa blanca.

Amber Thomson maldita sea, qué habías hecho para hacerme sentir de aquella manera. Tantos años y aún lo sentía como el primer día.

Sonreí pesadamente y sentí las arrugas formarse en mi rostro.

Me hubiera gustado verla a ella con esa edad, haber envejecido los dos juntos. Pero, no se puede tener todo. Y todavía debía hacerme a esa idea.

Louis se acercó a mí y me ayudó a levantarme.

—Bueno Harry, nosotros pronto estaremos aquí, familiarízate con el entorno.

Los dos nos reímos y miré a mi alrededor.

—Llevas razón, dentro de poco nos reuniremos con los demás.

Volvimos cada uno a nuestras casas. Abrí la mía y seguía tan vacía y silenciosa como antes de irme. Subí lentamente las escaleras hasta mi dormitorio y me quité la camisa y los pantalones para ponerme un chándal y estar más cómodo. Volví a bajar y fui hasta el salón, encendí la televisión y metí la cinta de vídeo en el reproductor. Le di a reproducir y fui a por unos pañuelos. Me senté en el sillón frente al televisor y vi las imágenes y vídeos que se reproducían. La cinta era la que puse aquel día en el baile de fin de curso, la gran mayoría de mis recuerdos con Amber inmortalizados para siempre.

Miré la foto, la única nuestra que guardé. Aún conservaba el marco roto.

Y es que los mejores momentos son los que de verdad importan, los que se quedan grabados tanto en tu cabeza como en tu corazón. Los que te gusta recordar por las noches y con los cuales sonríes. Aquellos que te hacen llorar de felicidad nunca deben ser olvidados, porque significa que algo importante ha pasado, que alguien te ha hecho realmente feliz.

Gracias Amber Thomson por hacerme feliz.

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Pues como ya dije en el capítulo anterior, aquí os he dejado el epílogo de Peligro. Y de verdad ha sido un verdadero placer escribir esta novela y que vosotros la leyerais, ha sido genial. Gracias por vuestro total apoyo. Espero que sigamos juntos en mis demás novelas.
Infinitas gracias a todos y cada uno de vosotros. Os quiero.

© Biall xx (belenaragon) 2015

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