Fuimos incapaces de apartar las manos el uno del otro durante todo el trayecto. Jamás había experimentado ese tipo de atracción por nadie. Podía sentir el sabor del alcohol en su boca, su perfume en mi ropa.
Profundizamos el beso y tracé su pecho con las manos temblorosas. A pesar de que había dejado de beber hacía un buen rato, seguía notando los efectos de la embriaguez en mi sistema.
—¿Qué hora es? — inquirí, rompiendo el beso y encarando sus ojos.
—Las cuatro —contestó tras consultar la hora en su móvil de forma apresurada, plantando sus labios en los míos justo después.
Clavé los dedos en su cuero cabelludo y cogí aire cuando sus besos descendieron por mi mandíbula, plasmando suaves caricias hasta llegar a la curvatura de mi hombro.
—No podré quedarme a pasar la noche — conseguí susurrar.
Tenía que regresar al internado si no quería que me pillaran.
Eso pareció sorprenderlo. Sin embargo, se separó de mí y asintió, acariciándome la mejilla con cautela.
—Peter puede llevarte a casa en cualquier momento — ofreció, recorriendo mi labio inferior con el pulgar.
Reprimí una sonrisa y dirigí una mirada fugaz al retrovisor. El aludido seguía conduciendo como si nada. Me pregunté cuántas chicas debían de haber estado en la misma situación que yo. Marc clavó los dedos en mi cintura y lo vi sonreír de reojo.
—Haremos lo que quieras. Sin presiones — me dijo bajito, plantando un beso en mi frente.
No contesté con palabras. Cerré los ojos y busqué su boca, encontrándola casi al instante. Su lengua se escurrió en ella y acarició la mía de manera lenta, formulando promesas silenciosas a medida que las ganas que nos teníamos aumentaban y la falta de oxígeno pasaba a un segundo plano.
A duras penas, noté que el coche comenzaba a detenerse y Marc se separó de mí, con la respiración acelerada y la mirada encendida por el deseo. Nos bajamos del vehículo y nos despedimos de Peter. Caminamos en silencio hacia la entrada de su casa y sacó las llaves. Una vez dentro, lo seguí por un pasillo espacioso que nos condujo hasta una sala de estar muy acogedora.
—¿Te apetece un té? — propuso, apoyado contra el umbral de una puerta contigua a la estancia.
—Por favor —contesté, con la boca seca y los nervios a flor de piel, sintiéndome tímida de repente.
Nos dirigimos hacia la cocina y ocupé uno de los taburetes junto a la isla mientras él llenaba la tetera eléctrica con agua. Fue extraña la tensión que nos envolvió en ese momento. Marc pareció sentir lo mismo, porque cogió un pequeño altavoz que había en un estante y lo conectó al bloutooth de su móvil. La música inundó la estancia y conseguí relajarme un poco.
—¿Cómo te gusta? — preguntó, de espaldas a mí, sacando dos tazas del armario.
—Con un poco de leche y sin azúcar.
Acabó de preparar el té y ocupó el taburete que había a mi lado.
—Me encanta esta canción — comenté, repiqueteando los dedos contra la mesa, al ritmo de Only angel de Harry Styles.
—Es buena — concordó, dejando la taza sobre la superficie y girándose totalmente hacia mí.
—No hay nada más sexy que una canción con un buen ritmo — susurré, imitándolo y soltando la taza.
El aire pareció cargarse de una tensión paralizante cuando sus ojos hambrientos se posaron en los míos.
—Esta canción podría haber sido escrita para ti— dijo con la voz ronca.
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Efecto calor [1]
RomanceSummer se cuela en ese club porque quiere conocer a Marc. Él es famoso y no sospecha que ella es menor de edad. No se imaginan los problemas que acarreará para ambos esa situación. ****** Esta historia tiene un spin off titulado "Efecto Hardwicke". ...
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