Tardo más de lo normal en arreglarme pues quiero verme lo mejor posible. Las palabras de mi mamá, que he escuchado desde niña retumban en mi cabeza como un mantra: "Todo entra por los ojos".
Siempre me inculcó que para conseguir cualquier cosa importante, debemos vernos lo mejor posible, y hoy me he esmerado de verdad para conseguirlo. Al fin puedo usar un vestido que compré hace algún tiempo y que hasta ahora solo lo usaban las arañas como casa, porque el clima de Bogotá no es lo mejor para lucir vestidos tropicales.
Me doy una última mirada en el espejo y sonrío satisfecha. Tomo la llave del cuarto, mi celular y salgo a la dichosa fogata que me emociona menos que volver a ver el pack de Álvaro, pero a la que tengo que ir porque puede ser muy provechosa para mi futuro.
Cuando voy llegando a la playa veo a lo lejos un grupo de gente, la fogata ya encendida, y un pequeño chiringuito que han armado, supongo que solicitado por la producción. Todos se han vestido bien y se ven muy contentos, especialmente Mau y Dalila que bailan una canción suave, abrazados.
—¡Scarlett! Me alegra verte acá. —La voz de Juliana me sorprende porque no había reparado en ella. También se ha esmerado en arreglarse y debo admitir que fea no es.
—Hola, Juliana. No me lo perdería por nada.
—Se ven bonitos, ¿no? —Voltea a mirar a Mau y a la rubia oxigenada que baila con él.
—Son expertos en eso. No es gran cosa.
Juliana me mira como si hubiera dicho que la Tierra es plana. «Ah, caray. ¿Dije eso en voz alta?».
—Es decir ¡claro que se ven muy bien! Los artistas siempre saben arreglarse... además son muy bellos... y talentosos... son como dioses entre simples mortales...
«Ups, creo que me sobreactué».
Juliana ríe por lo bajo y se disculpa para ir a buscar algo de tomar. Camina hacia el chiringuito mientras yo estoy agonizando de la vergüenza.
Siento unos brazos que me agarran desde atrás y empiezo a sentirme mucho mejor. Es increíble lo que logran los brazos de Óliver. Bueno, y otras partes de su cuerpo también...
—Estás preciosa, vecina —susurra en mi oído.
Me giro para poder verlo y hablar con él más cómodamente, y en ningún momento me suelta.
—Tú también estás muy bien, vecino. Te ves como un litro de helado de chocolate en una noche de despecho.
Ríe con esa voz ronquita que tiene... ¿Desde cuando su risa es tan sexi?
—Creo que sería mejor verme como una botella de Jack Daniels. Ambos sabemos que no pasas el despecho con un litro de helado.
Su comentario me hace reír y avergonzarme otra vez, al mismo tiempo.
—¿Qué te dijo tu amiga por lo de... anoche?
—¿Lo de verte desnudo o lo del sexo en su cama?
—¡¿Me vio desnudo?! —Se pone rojo como un tomate.
—Sí pero no me dijo nada, no estaba bien.
—Sí lo noté... Espero que ya esté mejor. ¿Algo en lo que yo pueda ayudar?
Me enternece lo que dice. Ese deseo por ayudar a los demás es algo muy característico de él, y me encantan las personas así.
—¿Quieres bailar? —propone mientras estira su mano, todo caballeroso.
Acepto su propuesta y caminamos para acercarnos un poco a la música, y a la pareja de cantantes que siguen bailando, sin ver a nadie más ni enterarse de que hay más gente en el planeta.
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Doce estúpidos meses
ChickLit¿Y si toda tu carrera dependiera de que tus guapos exnovios posaran para tu calendario? *HISTORIA DESTACADA DE FEBRERO 2021 POR EL PERFIL OFICIAL DE HUMOR* Scarlett sueña con convertirse en fotógrafa, y no dejará que nada ni nadie se interponga en s...
