—Samay, cálmate.— La voz de Deva sonó detrás de mí con suavidad.
Me estaba terminando de arreglar mientras me veía al espejo verificando que estuviera bien, me sentía increíblemente nerviosa.
Cuando llegué a mi dormitorio, Deva y Haniel estaban ahí paranoicos pensando en los lugares donde encontrarme, pero al verme llegar corrieron a abrazarme y bombardeándome con preguntas, a la que respondí poco a poco.
Les había contado todo lo que había sucedido con Circe, y a medida que les iba contando sus rostros se volvían aún más preocupado. Pero luego al terminar de contarles todo, le pedí a Haniel que buscara a Uriel y le dijera que se me había presentado un inconveniente, a lo que el pelirrojo le dijo a Haniel que iría por mí a la medianoche, ya que a esa hora en Lysengler solía ser más solitario y los vigilantes del colegio no estaban tan pendientes a esa hora.
—¿Me veo bien verdad?—Pregunto insegura viéndome al espejo y Deva colocó sus manos en mi hombro y se acercó un poco más y me miró en el espejo.
—Siempre te ves increíble, bebé.—Sonrió.
Definitivamente esa palabra le quedaba graciosa a Deva.
—Gracias.—Murmuré sonriente.
Luego escuchamos unos toques en la puerta de la terraza y supe que era Uriel.
Así que me despedí de Deva, y salí a la terraza cerrando la puerta lentamente, y me volteé viendo a Uriel a mi lado.
¿Había dicho lo guapo qué era?
Él estaba con un jeans negro, un suéter del mismo color y se notaba a simple vista como el suéter se pegaba a su pecho y su abdomen marcando sus músculos, su cabello rojizo estaba peinado hacía atrás con un aire encantador, y sus ojos azules estaban oscuros en esos momentos.
—Te ves linda.— Comentó al verme y no pude evitar sonreír.
—Tú igual.—Dije y él tomó mi mano con delicadeza y se acercó besando mi mejilla, sintiendo esos labios tan calientes en mí.
Aunque hacía un frío terrible, su cercanía irradiaba calor.
—¿Lista?— Preguntó y yo asentí.
Él me abrazó por la cintura dejando mi espalda golpear su pecho suavemente, y luego salimos volando de allí, rumbo al bosque.
Uriel volaba a gran altura, pero para nada veloz, lo normal, y eso me hacía sentir segura. Luego se adentró al bosque bajando a una velocidad más rápido, esquivando los árboles con audacia.
Finalmente aterrizó a un lugar que estaba un poco despejado de los árboles, era como un círculo rodeado de árboles y la noche se veía perfecta desde aquí, y en el centro había una gran fogata y una distancia considerable estaba un gran tronco para sentarse.
—Tenía un pícnic improvisado en el gran lago de la escuela, pero a esta hora no puedo hacer una fogata allí porque se darían cuenta los vigilantes.—Dijo él encogiéndose de hombros con una sonrisa tímida.
—Tranquilo, esto me gusta más.— Dije viendo a la fogata y él sonrió.
Luego caminé hasta el tronco y él me siguió haciendo lo mismo.
Uriel se notaba nervioso, incluso peor que yo, porque su pierna derecha se movía con rapidez y sus manos estaban entrelazadas evitando moverlas. Él miraba la fogata y sus labios se fruncieron en una línea recta, y eso me causó risa.
—Deberías mantener la calma.—Murmuré y él volteó a verme y sonrió.
—Hace mucho no hablo con una chica a solas.—Confesó.—No es que salga con muchas chicas, sólo que ha pasado un tiempo de no hacerlo, entonces ya sabes, las chicas me ponen nervioso, es decir, no todas, sólo que, mierda...—Sí, él está divagando y tuve que reprimir una risa.—Lo siento.
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ÁNGELES
Misterio / SuspensoÉramos efímeros en el nuevo mundo, una especie que creen leyenda en el bajo mundo, no somos unos ángeles celestiales ni nada como lo pintan ellos, los humanos. Éramos ángeles de luz y de oscuridad, ángeles de agua y de fuego, no estábamos en el nuev...
