Buen día.

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La luz de la mañana invadió la habitación, no pude conciliar el sueño desde que me percaté.
La respiración calmada de Samael golpeaba mi nuca… Ahí fue cuando recordé lo que había pasado la noche anterior. De nuevo aquella emoción me llenó.
Me moví lentamente para no despertarlo.
No puedo seguir en la cama.
Hoy pienso hacer una cosa bastante importante para mí, y si sale bien, mi estadía aquí será un poco mejor.

-… - Me paré finalmente y me dirigí al baño.

Dediqué una mirada a Samael para confirmar que aún seguía durmiendo. Al darme cuenta de que, efectivamente, era así, entré en el baño.

Hice dos clinejas en mi cabello, cepillé mis dientes y todas esas cosas que uno hace cuando se levanta. Y salí a vivir mi día.

Repetí el procedimiento. Caminé pausadamente para evitar hacer ruido, y abrí la puerta de la habitación…

- ¿A dónde vas? – Escuché la voz gruesa de Samael. Volteé en su dirección y estaba sentado en la cama, aún adormilado con los ojos a medio abrir.

-Iré a la cocina a preparar algo de comer. – Respondí luego de llevarme aquel susto mañanero.

-… - Alzó las cejas y sus ojos se volvieron a cerrar. Cayó como una roca en la cama.

Carajo, no es bueno llevar tantos sustos en esta vida.

Mi estómago ruge bastante, no he comido ni la mitad de las cosas que comía en mi hogar. Aquí casi no como, y el alimento de este lugar me deja con una sensación extraña en el cuerpo.

Cuando llegué, juro por Dios que casi me devuelvo por donde vine.

-… - Belcebú estaba haciendo su café. Cuando iba a devolverme, me vio, y pues… Me dio pena que me viera escapándome… Así que me quedé como la mujer valiente que soy.

Él continuó en lo suyo.
Yo intenté comenzar a hacer lo mío.

Vi unos cereales y no dudé en agarrarlos, la leche estaba en la esquina del estante. Serví apresuradamente mi desayuno y me largué sin mirar atrás.

Me senté en el jardín a disfrutar tranquilamente mi plato con cereales.

Ok, necesito hablar con Asmodeo.
De hecho, quería encontrármelo en el camino, pero ni idea de dónde está.
Quiero despertar a Martina, y si mi querido novio no quiere ayudarme, entonces mi cuñado lo hará. No creo que le importe mucho.

Y quiero también hablar con Astaroth para ver si existe la posibilidad de que lleven guardias al punto de encuentro entre Ose y Samael. Si ellos están ahí no podrán entrenar. De todas formas, ya mi niño se puso las pilas de nuevo. De verdad quiero evitar lo peor, y creo que lo peor en esta situación ya tiene nombre; Ose.

Y listo, esas son las cosas importantes que debo hacer hoy. Solo me queda rezar para que no me salga mal nada.

Volví a la habitación, con otro plato de cereales en las manos.
No podía llegar con las manos vacías si anteriormente le dije a Samael que prepararía algo para comer.

Ya estaba despierto y arreglado. Muy, muy guapo. Estaba leyendo sentado en la ventana.

- ¿Era necesario que desayunarás sola en el jardín? – Dijo sin despegar los ojos de su libro.

Mierda.

-Solo quería respirar aire fresco… - Le llevé el plato con una sonrisa. – Buen provecho, guapo.

-… - Me miró y segundos después ignoró de nuevo mi presencia.

Ahí me quedé con los brazos extendidos.

Mi amigo el demonioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora