DAVIS
22 de junio.
Habían pasado ya un par de meses desde que Josh dormía en mi sofá.
No me importaba, para nada, pero aunque ya volvía a salir de fiesta con nosotros, aunque ya volvía a contar aquellos penosos chistes de mierda, todavía no había vuelto a ser el mismo.
Hace unos días, cuando Mía volvía de una de sus clases en la Universidad, se encontró en el buzón una invitación que decía textualmente: ¡Estáis invitados a la revelación del sexo de nuestro bebé! Os esperamos el día 22 de junio en la dirección puñetas y yo que sé más. Lo peor de todo que habían tenido los huevos de invitar a Josh, o sea, lo engañan, y encima se regodean invitándole a esa estúpida fiesta, y Josh era tan inocente que había aceptado la invitación. A veces pienso que es demasiado bueno, y tonto, también tonto.
Mía estaba muy emocionada, ya que unos días antes Kate la llamó para anunciarla que sería la madrina del futuro niño o niña, y para pedirle que si podía convencerme para ser el padrino, algo que claramente rechacé repetidas veces. No iba a formar parte de este "juego de casitas ficticio" donde todo era perfecto, en una casa perfecta con unos padres perfectos y una historia de amor de cuento. Estaba harto de ellos, eso no existía, el felices para siempre digo. Para que la princesa y el príncipe se casarán y comieran perdices, tórtolas, y todas las puñeteras aves del reino, una bruja, un dragón, un yo que sé, tenía que tener un final trágico. ¿Quién decidía ese final? ¿Y si ese príncipe era un cabronazo y matara al dragón simplemente por aburrimiento o deseo, quién sabe si aquel espeluznante dragón era bondadoso? Estaba cansado de todas estas mierdas, de que a los buenos siempre nos rompieran el corazón, que nos provoquen dolor sin ningún motivo.
Josh coducía aquella chatarra a la que llamaba coche para llevarnos a la fiesta. Notaba su nerviosismo en cada torpe movimiento que hacía, en su tartamudez y en su mirada, pero a pesar de eso, lo camuflaba con nuevo corte de pelo estilo mullet, su camisa blanca(nueva por cierto) que llevaba arremangada hasta sus codos, unos pantalones negros bastante ajustados y un cinturón del mismo color con unos elegantes zapatos y un rolex plateado. Quería hacerse notar, y lo conseguiría con esas pintas seguro.
Llegamos a la dirección que ponía en el panfleto, era una casa, bastante pequeña y de madera, perdida en el campo. Estaba rodeada de una enorme valla blanca y con un jardín bastante bien cuidado, repleto de rosales.
Mía fue la primera en entrar, y yo me quedé unos minutos fuera con mi amigo.
-¿Sabes que podemos coger tu mierda de coche e irnos lo más rápido posible de esta fiesta verdad?- Pregunté.
-Tengo que hacer esto Miller, es lo único que me falta para avanzar, lo sé.- Decidido, entró el primero, ese era mi amigo joder, Josh, el puto Josh estaba devuelta.
Al entrar, a la primera que vi fue a Alexa, tan antipática como siempre mostrándome el dedo del medio con una sarcástica mueca. A veces la odiaba.
Todo estaba decorado con globos y serpentinas de color dorado y plata, supongo para no caer en lo de siempre con el azul y el rosado.
Gente que no había visto en mi vida, y que estaba segura de que Trevor tampoco, andaba a sus anchas por la granja que tenían por casa, maldito cowboy mentiroso...
Había perdido de vista a Mía, pero no me preocupaba demasiado, estaría socializando con gente o que se yo. La música daba un poco de energía al ambiente y que cojones, Trevor había pagado camareros. Definitivamente habían cambiado muchas cosas en estos meses.
-¡Davis ven a bailar conmigo!.- La mano de Mía me agarró del hombro empujándome hasta el jardín trasero al lado de los altavoces de música.
-Sabes que no sé bailar.- Sus manos colocaron las mías en su cintura, debajo de una cinta color negra, que hacía juego con su vestido.
-Pues la última vez que bailamos no lo hiciste nada mal-Mía es quien va marcando el ritmo de los pasos, haciendo como si me sintiera en una burbuja con ella, sin pensar en nada más, concentrado en sus pasos, en el ritmo de la música y en sus manos en mi cuello.
-Algún día celebraremos una fiesta así.-Dijo apoyando su cabeza en mi pecho.
-¿A qué te refieres?-
-Pues eso, una fiesta para nuestro bebé.-
Ninguno de los dos volvió a decir ni una sola palabra, solo bailamos haciéndome recordar la primera vez que lo hicimos.
El sol estaba ocultándose entre los lejanos edificios de la ciudad, y la noche ya estaba al caer. No había cruzado palabra con "los futuros papás", tampoco tenía ganas, ni intención de felicitarlos, solo había venido a esta chorrada de fiesta por Mía, porque a ella si le hacía ilusión esta nueva pareja creada a partir de cuernos, mentiras y noches de sexo en un sucio motel de carretera seguramente para no ser pillados.
Una sensación rara estaba invadiendo mi cuerpo, era como si algo malo fuera a ocurrir en cualquier momento. La pequeña Mía seguía en la pista de baile improvisada en el jardín trasero, estaba bailando con un crío de diez años. Este estaba subido a sus pequeños pies para aparentar ser un poco más alto, aunque por lo que veía a ella no le importaba, estaba feliz, con el pelo despeinado y una sonrisa amplía.
Por un momento lo pensé, pensé en una niña con el pelo alborotado de los rizos y rubio, con los ojos verdes correteando por las esquinas, y una Mía más mayor, persiguiéndola para atraparla, un Davis que cogía al vuelo a esa niña y la llenaba de besos. Simplemente de pensarlo, un par de segundos solamente, me invadía de felicidad, algo indescriptible.
Aunque la voz de Trevor me sacó de aquel trance.
-Davis, necesito hablar contigo, ahora.- Me cogió del brazo, aunque no consiguió moverme más allá de unos centímetros. No parecía él, llevaba un traje que aparentaba ser bastante caro, los anillos y los pendientes, todos habían desaparecido de su corpulento cuerpo.
-Mira Trevor, ya le he dicho a Mía que no pensaba ser el puto padrino de nadie, asique dejame tranquilo ¿si?.-
-Davis, joder, no puedes estar aquí ahora, ven conmigo y...-
-¿Davis?.- Una voz femenina sonaba detrás de mi, me giré al instante ya que se me hacía familiar, extrañamente familiar.
Fue entones cuando me quedé bloqueado, haciendo que millones de recuerdos volvieran a mí. Todas las promesas rotas, los llantos, el corazón roto...
Juré que la olvidaría, pero todo volvió con aquellas once palabras.
-Tu chica de ojos azules y pelo dorado, ¿Te acuerdas ahora Davis?.-
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Alma Mía
Romance"Mi segunda oportunidad, el amor de mi vida." Davis estaba sumado en la oscuridad desde que su alma gemela lo abandonó hace años. Dos años después, una misteriosa chica aparece en su vida para sacarle de esa oscuridad y darle esa luz que tanto ech...
