Capitulo 45: Fin

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MÍA

-No podemos dejarla sola, no está en condiciones de tomar ninguna decisión.- Escuchaba a Josh por detrás de la puerta, las puertas eran como corcho, muy finas, se escuchaba todo...

-Davis, por favor, necesito que te cures.- Le agarré la mano con fuerza, esperando algo. Nada, solo se escuchaba lo que yo entendía como sollozos y su respiración entre cortada.

Tres semanas, tres semanas sin saber si el amor de mi vida saldría de esas cuatro paredes.

La puerta se abrió y detrás de ella estaban el Doctor Stuart, Josh, Alexia y Kate.

-Señorita Jones... me gustaría que saliera fuera un segundo, debo de hablar con usted sobre Davis.- Todos me miraban, y los odiaba por eso.

-Le he dicho que me llame Sra Miller, estamos comprometidos.- Me mire mi mano temblorosa, todavía lo llevaba, aquella pequeña joya de plata que brillaba tanto, no me lo quitaría hasta el día de nuestra boda, para cambiarnos los anillos.

-El Sr Miller, tiene una gran conmoción cerebral, como ya sabe la extracción de la bala fue todo un éxito pero, aunque despertó del coma, y aunque algunas veces tiene momentos de lucidez, empeora por momentos... el dolor seguirá y no cesará.
Me temo que ya es hora de tomar una decisión, la próxima vez que despierte intentaremos hablar con él.-me miraba con comprensión, pero no me servía, tenia que curarle, tenia que hacerlo.

-No.- dije fríamente.

-Pero....-

-he dicho que no, no vais a matarle, todavía está ahí, lo sé. -

Salí corriendo de aquel hospital, no podía respirar, y la sensación de oscuridad reinaba en mi.

-Mía..- escuche como mis tres amigos me llamaban desde la distancia. Se acercaron lentamente.

-Es culpa mía... si... si me hubiera puesto el anillo antes... él estaría vivo... estoy segura.- No paraba de llorar, desde hacía tres semanas era lo que más hacía.

-No fue tu culpa Mía...- Dijeron al unísono.
Los recuerdos de aquella noche volvían a mi, aunque siempre estaban presentes. La imagen de Davis tirado en el suelo, mi vestido manchado y yo en su pecho.... Me acuerdo sentir la mano de Hasley en mi espalda, y a Josh apartándome de su cuerpo mientras que apretaba en la herida.
Me acuerdo que lloré, lloré por mi, por Davis y por todo lo que habíamos formado y que nos arrebataron.

-Nunca olvidaré cuando pasamos con el coche por aquella calle, no era nuestra ruta habitual pero algo me dijo que teníamos que ir por ahí...
Y cuando os vi.... Cuando lo vi... Mía yo también me siento culpable, pero no podemos seguir así, Davis no lo habría querido.- Yo me abrazó, lo necesitaba.

UNA SEMANA DESPUÉS

-Mia.....-Empezó a toser, era común, se cansaba muy deprisa.

-Toma un poco de agua.- le alce la cabeza y dio un sorbo pequeño.

-Cásate conmigo Mia...-sus ojos entrecerrados y su voz ronca me hería el alma. Tenía la cara cansada y una piel muy blanca.

-Cariño, lo haremos, cuando salgas de aquí... lo haremos...-Me apoye en su pecho.

-Voy a firmar esos papeles... pero antes quiero que te cases conmigo por favor.... No aguanto más pequeña, quiero que esto acabe de una vez.- y lloré claro si lloré. Porque la persona a la que más quería me estaba pidiendo que la dejara marchar y no sabía si estaba preparada para ello.

-No digas eso, lo arreglaremos, siempre lo arreglamos.-

-Te quiero pequeña.... Pero no puedo más.-El me agarró la mano lo más fuerte que pudo, estaba débil, cada día más.

Y cumplí su promesa, y a pesar del dolor.... Llegamos al altar.
Todos estaban allí, llorando de felicidad y de dolor porque sabían que al día siguiente todo acabaría y que no volverían a oír su voz nunca más.

Cuando Davis me pidió que nos casáramos, no me pude negar y con un gran dolor en mi corazón, lo preparé todo... algo íntimo, en nuestro lago, estarían todos allí, y nos daríamos el si quiero como nos habíamos prometido.

Esa mañana salió del hospital en una silla de ruedas y una pequeña bombona de oxígeno a su lado, le costaba respirar y eso le hacía el proceso más fácil. Estaba precioso, su pelo rubio cortado y su traje negro. Parecía un principe de los de los cuentos.
Lo vi allí, con Josh sujetando la silla y Trevor a su lado, iban a juego con Davis, parecían los tres mosqueteros.
Sonreí al verles, porque a pesar de todo, quería hacerle feliz.

Kate y Alexia estaban en primera fila sonriéndome y Emma un par de banquitos más atrás, llevaba un vestido en el que ya podíamos ver como asomaba su tripita de embarazada. Claudia estaba a su lado, sujetando en brazos a Olivia y Hasley con un pañuelo en sus manos, sabía que le encantaban las bodas.

Y mientras que caminaba por el paseíllo improvisado lleno de hojas verdes mientras que mi madre y Adele me llevaban al altar, por un momento lo olvidé todo.... Solo éramos un par de enamorados, a punto de unirse para siempre.

Mi vestido era algo simple, no había encontrado nada mejor en menos de veinticuatro horas pero me daba exactamente igual, me llegaba por las rodillas y tenía las mangas abollonadas que combinaban con unas manoletinas del mismo color. Y mi pelo estaba rizado, porque una vez me dijo que era como más le gustaba, y decorado con un par de flores.

Seguí caminando, pensando en él, en la noche en que nos conocimos, en sus abrazos, en sus besos al anochecer, en sus abrazos, en sus libros marcados, en su tatuaje, en su respiración, en sus manos tocando mi piel.
Lo querría eternamente.

-Te quiero Davis Miller.-

-Te quiero quiero Mía Jones.-

Y pasó, aquel día ambos cumplimos nuestra promesa. Él me vio vestida de blanco y yo.... Yo solo hice que se marchara en paz, luego de que le besara por última vez y cantáramos nuestra canción, en nuestro lugar especial porque él no solo cumplió esa promesa. Hasta su último aliento me quiso y hasta su último latido cantó The Night We Met a mi lado como hace años me susurró al oído.

Gracias Davis Miller por hacer de mi Alma un lugar donde soñar contigo.

Alma MíaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora