Casi sin darnos cuenta, el primer trimestre había llegado a su final y, con ello, las ansiadas vacaciones de Navidad que no sé si tenían más ganas de cogerlas los alumnos o yo. Había quedado con mi madre en que iría a Zaragoza a pasar Nochebuena y Nochevieja, aunque no me hacía especial ilusión tener que compartir esas fechas con cierta gente de mi familia a la que parecía sentarle mal todo lo que hacía con mi vida.
Con Luisita las cosas iban bien, muy bien. Es verdad que no nos habíamos vuelto a besar después de aquella noche mágica, pero nuestros sentimientos habían quedado en parte revelados y no había semana en la que no hiciéramos algún que otro plan, aunque fuese ver una película en su salón o tomar algo en el balcón
Esta misma tarde había quedado con ella para despedirme antes de que mañana saliera para Zaragoza y ella se fuera a su pueblo a ver también a su familia. Me había prometido llevarme a un lugar muy especial para ella, pero, como siempre, quería mantenerlo en secreto hasta que llegáramos allí.
Había estado haciendo la maleta con todo lo que me iba a llevar para los diez días que iba a pasar fuera y bajé también a comprar algún dulce para llevárselo a mi madre y hermano para que pudieran probarlo y así no pensaran que no me acordaba de ellos estando en Madrid. Coloqué la maleta cerca de la entrada para no olvidarme de ella y, después de mirarme en el espejo por última vez salí a la calle para encontrarme con la rubia.
- Tú siempre tan puntual – susurré notando como un escalofrío recorría todo su cuerpo al hablarle
- No me gusta llegar tarde a los sitios – respondió dándose la vuelta dejándome apreciar aquella sonrisa tan bonita que le salía cada vez que la veía - ¿has traído algo para recogerte el pelo como te dije?
- Sí, aunque no sé por qué me lo voy a tener que recoger. He traído un pañuelo, ¿te parece bien?
- Perfecto. Es más que nada para que no te estorbe, ya lo entenderás – acarició mi brazo con cariño y comenzamos a caminar hasta el supuesto lugar sorpresa
No le vi muy buena cara a Luisita, le costaba algo caminar y las ojeras estaban de más de marcadas en su rostro, pero no quise insistir y lo atribuí todo al trabajo que seguramente la tendría agotada.
- ¿Me has traído a pintar? – le pregunté observando el cartel del local al que estábamos a punto de entrar
- Sí – asintió sonriente – No sé si te va a gustar o no, pero bueno, tú me llevaste a escuchar música y poesía y me apetecía traerte al sitio donde mejor me siento y más desconecto de todo lo que hay a mi alrededor
- Entonces seguro que me encanta
Luisita abrió la puerta y enseguida salieron a su encuentro un grupo de señoras mayores que parecían tenerle mucho cariño. Escuché como cuchicheaban un poco, seguramente sobre mí, y la rubia me tendió la mano para que me acercara a ellas y así poder presentármelas
- Ay, hija, eres mucho más guapa de lo que imaginábamos – comentó una de ellas después de darme dos besos
- Sí, pero nuestra Luisi no se equivocaba al hablar de ti – soltó otra – y se te ve buena niña. Eras profesora, ¿no?
- Sí – respondí sonriendo, pero a la vez un poco abrumada al ver como aquellas señoras sabían tanto de mí
- No las hagas mucho caso, por favor – dijo Luisita con la cara roja al ver el poco pudor que tenían sus compañeras al hablar – Ellas son Dolores y Gabriela. Son como mis abuelas aquí en Madrid, me cuidan como nadie, a veces demasiado – comentó mirándolas – pero no me quejo que, además, me preparan hasta sus mejores platos
ESTÁS LEYENDO
Un susurro en la tormenta
FanfictionUn balcón enfrente del otro, un intercambio de miradas y la vida que lo cambia todo de golpe
