Entre al hospital, saludé a los compañeros del puesto de información y subí hasta mi planta. Iba con tiempo de sobra, pero me apetecía desayunar con Luisita, que había tenido guardia y la terminaba justo a las ocho, y darle así la sorpresa que le tenía preparada.
Llevábamos ya dos años juntas. Sus revisiones habían ido perfectas y yo seguía trabajando allí al igual que ella. No niego que al principio se nos hizo un poco cuesta arriba adaptarnos a nuestros horarios, sabiendo que nos veríamos menos y que tendríamos que pasar varias noches a la semana sin poder dormir juntas, pero poco a poco nos fuimos acostumbrando a hacer nuestras propias rutinas.
Dejé mis cosas en la salita que teníamos adjudicada, levanté las persianas del aula, ventilé y dejé todo listo para cuando comenzaran a llegar los niños a las 9. No fue fácil trabajar allí, pero, si me lo preguntasen ahora, no dejaría jamás de ejercer como profesora en un hospital. Saludé a algunos de los niños que tenían ya las puertas de sus habitaciones abiertas y bajé para ver si pillaba a la rubia por alguno de los pasillos.
La vi hablando con Lourdes, con su pijama azul puesto todavía, y entregándole un par de informes que seguramente necesitaría la enfermera por algo. Nuestra amiga le dijo que se girara y una sonrisa se le dibujó en el rostro nada más verme
- ¿Qué haces aquí tan temprano? – se acercó a besarme y mantuvo una de sus manos aferrada a mi cintura
- Me apetecía verte antes de entrar y si estás libre, desayunar juntas
- Ya he terminado por fin – comentó notándose el cansancio en ella después de una guardia de veinticuatro horas – Tengo que cambiarme – siguió, mirando su pijama - ¿me acompañas y vamos?
Asentí y la seguí hasta los pequeños vestuarios que tenían asignados con unas cuantas taquillas donde dejar sus cosas. Abrió la suya, mostrando enseguida entre sus fotos una en la que nos estábamos besando al lado del Partenón de Atenas.
- Estás muy guapa vestida de médico, no sé si te lo he dicho ya
- Ah, ¿sí? – comentó acercándose poco a poco a mí
- Sí, me encantas con tu uniforme
- Ojalá llevaras tú uno de profesora – la miré mordiéndome el labio y Luisita enseguida me cogió de las solapas de mi americana, cerrando de golpe su taquilla con su espalda y besando mis labios como si hiciera tiempo que no los besaba. No me dio ni tiempo a separarme para coger aire, cuando su lengua ya me estaba buscando y sus manos se perdían por debajo de mi camiseta. Me dejé llevar, aunque un poco extrañada por aquel recibimiento tan efusivo por su parte, cuando escuchamos un carraspeo que nos hizo separarnos de golpe
- No quiero ni saber cómo os reencontráis vosotras en casa, madre mía, que estamos en un hospital – comentó Marina sin poder dejar de sonreír al habernos pillado en aquella situación
- Ni que tú no lo hubieses hecho nunca – soltó Luisita volviendo a abrir su taquilla para, ahora ya sí, cambiarse
- Pero me aseguraba de que no fuese hora de cambio
- Sí o me tenías a mí pendiente de que no entrara nadie
- También es verdad, ¿queréis que me ponga en la puerta mientras termináis de hacer vuestras cositas?
- No hace falta, puedo esperar a llegar a casa
Yo decidí salir de allí, mientras dejaba a las dos amigas picándose y pedí dos cafés con algo para comer en la cafetería que había en la planta de urgencias pediátricas. No tardaron apenas nada en ponérmelo y lo dejé todo en una mesa, viendo como ya llegaba Luisita con la ropa de calle.
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Un susurro en la tormenta
FanfictionUn balcón enfrente del otro, un intercambio de miradas y la vida que lo cambia todo de golpe
