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Cuando me desperté al día siguiente, Luisita permanecía en la misma posición en la que se había quedado dormida la noche anterior. Dejé un beso en su frente y me permití quedarme observando su rostro, mucho más tranquila después del fin de semana que había pasado. Miré mi móvil, para ver qué hora era, pero con cuidado de no despertarla, puesto que su cuerpo estaba sobre el mío, y comprobé que en apenas unos minutos Lourdes seguramente aparecería ya por ahí para hacerle las pruebas pertinentes y que incluso María ya habría ingresado para comenzar con la trasfusión lo antes posible.

- Luisita... - susurré intentando despertarla – Luisita, cariño – acaricié su brazo con cuidado e intenté levantarme sin que notara mucho el cambio – que hoy es el día y en nada va a venir Lourdes

Apenas dije eso, la enfermera ya estaba abriendo la otra puerta y observándonos a través del cristal, mientras terminaba de coger todo lo que necesitaba.

- Quédate un poquito más, porfa – Luisita cogió mi mano, que estaba apoyada en la cama

- Puedes quedarte, Amelia, no te preocupes – soltó Lourdes viendo mi cara sin saber qué hacer – Voy a tomarte la tensión, comprobar que no tienes fiebre y en un rato pasará Mónica a ver cómo estás – dijo, ayudándola a incorporarse

- ¿Y María? ¿sabes algo de ella? – se interesó Luisita

- Está ya ingresada. Ha venido acompañada de Laura y de tu madre, que está ya en la puerta, no sé si queréis que la deje pasar

- Sí, claro – contesté yo – Así bajo a desayunar y aprovecho para ver a María

- Vale, lo único que ya sabéis que durante el trasplante solo podéis estar una – yo miré a Luisita y ella me devolvió el gesto diciéndomelo todo con aquello

- Por favor – susurró

- Es tu madre, Luisita, no creo que te quiera dejar sola en ese momento

- Ya, Amelia, pero yo quiero que estés tú. Prométeme que después de ver a mi hermana, vendrás y no te moverás de aquí

- Lo intentaré

- En menudo aprieto la pones con su suegra, Luisi – bromeó Lourdes que estaba atendiendo a nuestra conversación

- Bueno, pues yo me encargo de decírselo y que se vaya a hacer compañía a María, pero ven, por favor. Necesito que estés a mi lado

- Haré lo que pueda, ¿sí? – Luisita hizo una mueca – Mírame, cariño – acaricié su mejilla y nuestros ojos volvieron a conectar – si no, voy a estar ahí todo el rato y tú seguramente ni te enteres de si estoy o no. Y después no me voy a separar de tu lado

- Me voy a enterar, lo sabes – le hice burla y besé sus labios

- Voy a ver como está tu hermana, no te muevas de aquí

- Si pudiera hacerlo, iba detrás de ti

- Ahora nos vemos. Te quiero

- Yo también te quiero

Dijo por última vez, mientras Lourdes le administraba ya la medicación, incluida una nueva para evitar posibles reacciones alérgicas durante la trasfusión. Al salir, Manolita se acercó enseguida a mí para preguntar cómo estaba su hija. Dejé que pasara y antes me hizo saber dónde se encontraba María para poder ir a saludarla.

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- ¿Cómo vas? – pregunté asomando la cabeza en la habitación. Laura se levantó enseguida del sillón que había justo al lado de la cama para abrazarme y María me sonrió desde aquella posición

Un susurro en la tormentaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora