Cuando me desperté aquella mañana, sentí cómo Amelia seguía completamente dormida a mi lado, con su cara de paz, como si solo por estar allí a mi lado estuviese mucho más tranquila. Lourdes entró minutos después, en silencio, no queriendo despertarla, me tomó la temperatura, cambió mi suero y me avisó de que en una hora más o menos volvería para comenzar con una de las últimas sesiones de quimioterapia.
- Amelia – susurré, cogiendo uno de sus rizos entre mis dedos – Amelia, que vas a llegar tarde a trabajar – continué, mientras la acariciaba con mimo
La morena abrió un poco sus ojos y me miró enseguida con una sonrisa para después girarse, coger su móvil y comprobar qué hora era.
- No quiero ir, me quiero quedar aquí contigo, dormidita
- Ya, amor, pero tienes que ir a dar clase a tus niños
- ¿Cómo me has llamado? – preguntó incorporándose un poco y sin dejar de mirarme a los ojos
- No sé, no me acuerdo – intenté disimular
- Pues yo creo que sí que te acuerdas y me encanta que me llames así – me robó un beso, que me sacó una sonrisa de tonta y se levantó para ir a asearse al cuarto de baño que tenía en la habitación - ¿ha venido ya Lourdes? – preguntó desde dentro
- Sí, no tenía fiebre, así que en un rato vendrá con la quimio
- Qué bien – respondió asomándose un poco, mientras se cepillaba los dientes – me da cosa no poder estar contigo mientras, pero sé que María consigue distraerte y te cuida muy bien
- Sí que lo hace
- Si sale hoy algo de los resultados, avísame, por favor, o que me llame María – se acercó a mí y dejó un beso en mi frente – me voy, que a este paso voy a perder el metro – volvió a besarme, esta vez en los labios, y terminó desapareciendo poco después.
Apenas estuve diez minutos a solas, cuando María ya estaba entrando por la puerta para acompañarme durante toda la mañana.
- ¿Cómo está la hermana más guapa que hay?
- Pues supongo que Cata estará en el colegio, con sus amigos
- Qué tonta que eres – comentó acercándose a mí y dejando un beso en mi mejilla – ¿cómo estás?, ¿has descansado?
- Sí – asentí – tuve varias pesadillas, pero Amelia se tumbó conmigo y conseguí quedarme dormida de nuevo enseguida
- Ay, qué cuñada más buena que tengo
- Sí... - respondí desviando un poco mi mirada
- ¿Qué pasa, Luisi? – María se sentó a mi lado, interrogándome con la mirada
- Pues que no debería estar aquí, María, que ella tendría que estar disfrutando de Madrid, viviendo su vida y no aquí encerrada en este búnker y solo saliendo a trabajar
- ¿Otra vez estás con lo mismo? Luisi, ya te dije que Amelia está haciendo lo que ella quiere hacer y no hay más que discutir. ¿Crees que estaría bien viviendo como tú dices, sabiendo que estás tú aquí? Para Amelia eres lo más importante ahora mismo, así que deja de decir tonterías
- Ya... - hice una pequeña mueca – Si es que soy idiota, Meri
- A ver, un poco sí que lo eres, no te lo voy a negar – bromeó - ¿Qué pasa por tu cabeza?
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Un susurro en la tormenta
FanfictionUn balcón enfrente del otro, un intercambio de miradas y la vida que lo cambia todo de golpe
