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La última sesión de quimioterapia de Luisita fue la peor de todas. Había pasado bien la tarde, se quedó viendo una película conmigo después de cenar, pero a partir de la madrugada comenzó lo peor. Estuvo a punto de caerse redonda al suelo si no la hubiese cogido a tiempo, apenas pude llevarla hasta la cama y llamar a la enfermera que me indicó que tenia un pico de fiebre bastante alto

Se pasó todo el sábado a base de antipiréticos que lo único que conseguían era que no le subiera la fiebre de forma desorbitada y dormida por toda la medicación que le estaban dando para calmar un poco sus dolores.

No fui capaz de moverme de su lado. Prohibieron que entrara gente de fuera a la habitación, más allá de quienes la estaban atendiendo y yo me tenía que refugiar en el cuarto de baño, o aprovechar los momentos en los que dormía, para llorar sin que ella me pudiera ver. No me imaginaba que después de la noticia que nos habían dado llegara aquel momento en el que incluso llegué a temer que se iba y no podía hacer nada más que cogerle la mano y aferrarme a las palabras de Marina y Lourdes que intentaban calmarme y abrazarme cada vez que podían.

- Amelia – susurró justo cuando yo me había acercado a la ventana para observar la luna mientras hablaba con mi madre que se había terminado enterando de todo – Amelia – volvió a decir. Colgué el teléfono y me acerqué enseguida a ella. Estaba sangrando por la nariz e intentaba taponarse ella misma con la mano

- Ya está, cariño, ya está. Mantente incorporada – le dije cogiendo una de las gasas que tenía sobre la mesilla para hacer presión y recordando el curso de primeros auxilios que había hecho antes de comenzar a trabajar – Tranquila – susurré acariciando su espalda para poder calmarla un poco

- Tengo mucho frío – dijo con algo de dificultad

- ¿Quieres que llame a Lourdes? – le pregunté comprobando si seguía sangrando

- No, por favor – respondió entre lágrimas – Lo siento, Amelia, no quería que pasaras por esto

- No pasa nada, cariño – dejé un beso en su frente y la obligué a permanecer unos minutos más incorporada, mientras la abrazaba para ver si así entraba un poco en calor – Va a ir bien, te lo prometo, te vas a poner bien

- Tengo mucho miedo – se escondió en mi cuello y la acosté en la cama sin separarme de ella – no me quiero morir, no ahora

- No te vas a morir, Luisita, ¿me escuchas?, no te vas a morir

Pulsé el botón que tenía al lado de la cama, haciendo caso omiso a su petición y Lourdes no tardó en aparecer, tomándole la temperatura y administrándole un nuevo analgésico para ver si con aquello conseguía volver a quedarse dormida. No le había hecho caso, pero me estaba doliendo demasiado verla de aquella manera. En una semana había adelgazado, apenas podía moverse debido a la quimioterapia y yo me moría de verla en aquel estado.

- Ha tenido una hemorragia – informé a Lourdes que se había quedado hasta que Luisita terminó quedándose dormida de nuevo

- Joder – dijo sin apartar la vista de ella – espero que recupere fuerzas y que de verdad esto sea por la quimioterapia, porque nunca la había llegado a ver así

- ¿Qué pasa si no está mejor? – le pregunté con miedo

- Que a lo mejor hay que esperar. Es normal la bajada tan drástica de defensas, que en parte esté así, pero me preocupa que apenas pueda moverse y que haya comenzado de nuevo con las hemorragias. Voy a avisar a Marina, ¿vale? – Lourdes se acercó a mí y acarició mi vida – No tardo, pero por si acaso, si pasa cualquier cosa, avísame, ¿sí? – yo asentí y Lourdes desapareció, dejándonos de nuevo a las dos a solas

Un susurro en la tormentaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora