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— ¿Oye Matt, tienes auto? —Pregunté mientras que caminábamos por los pasillos, era hora de salida pero no quería ver a Eddy o a nadie de ellos.

—Sí, ¿quieres que te lleve?

— ¿Puedes?

Antes de que respondiera, Rilley se acercó a nosotros. Saludó a Matt con un movimiento de manos y me tomó por la cintura y me besó.

 — ¿Qué pasa chicos?

—Nada, solo le pedía un aventón a Matt. —Afirmé.

— ¿Quieres que yo te lleve? —Rilley se ofreció y Matt sonrió y levantó las cejas.

—Bien, gracias. Nos vemos Matt.

—Adiós Diana. —Dijo entre risas y se alejó.

El auto de Rilley era negro, un Mercedes Benz de hace dos años. Era definitivamente muy elegante. Rilley me abrió la puerta del pasajero y me dejó entrar, él dio la vuelta y se alistó para conducir.

— ¿Ya me vas a decir porque llorabas?

—Es tonto, no es nada.

—No te juzgaré. —Dijo mientras cambiaba de marcha.

—Es solo que, te dije que almorzaba con mi hermano y unos amigos pero cuando dejé la mesa donde tú estabas me di cuenta que probablemente ellos no me extrañaban. Incluso ahora, Eddy ni siquiera puso objeción cuando le dije que encontraría una forma de llegar a casa por mi cuenta.

— ¿Eddy? —Preguntó ajustando los espejos.

—Sí, mi hermano. Parece que soy fácil de olvidar.

—Mira, Diana. Ignóralos. Ahora que te juntas con nosotros eres parte de los populares. Pero no como los Mudd que todo mundo trata de ser sus amigos pero no aceptan a nadie, somos chicos geniales. En cuestión de semanas muchas personas comenzaran a hablar contigo, ya verás. No los necesitas.

— ¿Los Mudd? ¿Por qué siempre me hablas de ellos?

— ¿Lo hago? —Preguntó sonriendo.

—Bueno, la mayoría del tiempo que hablas de ellos me dices cosas malas.

—Es porque es verdad, enserio. ¿Crees que juzgaría a alguien que no conozco? No, definitivamente no. Conozco a Don y es una patada en el trasero si te metes con él, incluso si bromeas. Es arrogante y cree que la vida gira a su alrededor.

— ¿Ustedes eran amigos? —Pregunté recordando las palabras de Matt.

—Antes. —Afirmó—. Lo éramos pero todo se vino abajo cuando él pensó que quería ganarle en cuestión de chicas. Salí con alguien que supuestamente le importaba y se enojó conmigo, incluso me golpeo. Es un idiota.

—No sabía eso.

—Bueno, mira. Melinda lo ama, todas las chicas están locas por él pero me alegra que tú no seas como las demás... bueno, son familia pero aun así no lo defiendes y eso está bien porque él no lo merece.

— ¿Eras su amigo?

—Algo así. —Responde.

— ¿Sabes de su vida?

Me voltea a ver y luego entiende que le quise decir. —Todos hemos sufrido y él solo se hace una víctima.

— ¿Victima?

—Claro, probablemente no sufra tanto como aparenta.

—Bien. Puedes dejarme aquí, desde aquí puedo caminar.

— ¿Segura?

—Sí, no hay problema.

Abrí la puerta una vez que el auto parara y comencé a bajar.

—Nos vemos mañana.

—Sí, adiós.

En realidad faltaba mucho para llegar a mi casa pero necesitaba pensar. Cada día que pasaba se volvía más complicado. Primero, Rilley actuaba como un idiota y Melinda me confundía y decía que era prima de Donny, luego Rilley se volvió mi rescatador y me invitó al baile.

El baile. Nunca he estado en uno y espero que ese día sea especial pero no tengo idea de que pasará en los próximos días, aún falta más de una semana para el baile y en ese tiempo muchas cosas pueden ocurrir.

Después de caminar por quince minutos o más, llegué a mi casa. Con las llaves abrí la puerta y entré. Eddy no estaba.  No había nadie. Si antes me sentía abandonada, ahora me sentía traicionada. ¿Qué derecho tiene mi propio hermano a olvidarme tan fácilmente? Quizás exagero pero soy así. Siempre alterándome. Incluso juraría que hay alguien en la cocina pero eso es imposible, Eddy no está aquí, mis padres llegaran hasta más tarde. Paranoica. Me estoy volviendo loca.

Bien, otro ruido. ¿Qué rayos? No tengo idea de que hacer. He visto como en las películas las personas comienzan a decir "hola" y nadie responde, luego las apuñalan por la espalda y mueren. No quiero morir.

Caminó hasta la cocina y veo la puerta del refrigerador abierta, sin embargo, no puedo ver quien está ahí, hurgando en nuestra comida. Podría tirarle algo y correr hacia él. Podría pero... la persona está separándose del refrigerador y... ¡Es mi hermano! No el tonto de Eddy, ¡Adam!

— ¡Adam! —Gritó felizmente. No lo había visto desde una semana antes de navidad.

Él salta hacia atrás y lleva una mano hasta su corazón. — ¡Diablos pequeña! Me has asustado. —Se acerca hacia mí y me abraza—. ¿Dónde está el raro de Eddy?

Pongo los ojos en blanco. —Quien sabe y por cierto, tú también me asustaste.

— ¿Problemas con Eddy? —Preguntó mientras que se sentaba en una de las sillas altas del desayunador.

— ¿Problemas? Él es raro y me ha estado ignorando pero ¿Qué haces aquí?

Se encogió de hombros. —Bueno, tengo noticias para la familia y quise pasarme para visitarlos unas semanas antes de regresar a California. —Se puso de pie y comenzó a buscar alrededor de la cocina algo—. Oye, en esta casa no hay más que vegetales y sodas, ¿quieres ordenar comida china?

—Claro. —Sonreí abiertamente.

 De pronto amaba tener a más de un hermano. 

Antes De TiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora