[SEGUNDA PARTE DE ROJO SANGRE]
Anna Hooper siempre ha deseado tener una vida normal, sin tanto lío ni dolores de cabeza.
Esto poco a poco se estaba haciendo posible para ella.
Sin embargo, no puede sentirse feliz y no entiende por qué.
Tiene lo que...
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Día de partida al campamento.
Con inquietud golpeteé la punta de mi zapato contra el suelo, observando a mi alrededor sin mucho interés. El chocolate frente a mi lugar casi se enfriaba, miré la hora en mi reloj, ya se estaba tardando quince minutos.
Fruncí el ceño y me crucé de brazos justo a tiempo para ver al susodicho entrar a la cafetería. Al instante me enfocó, después de todo, yo era el único que parecía un drogadicto que robaría la caja registradora en cualquier momento.
Se dirigió a mi mesa a paso largo y sin saludar dejó al lado de mi bebida algo pequeño, se sentó en el asiento frente al mío mientras yo observaba el artefacto.
—¿Eso es tuyo?—inquirió hostil.
Visualicé las iniciales marcadas en el interior del aro que diferenciaban a aquel anillo de cualquier otro y suspiré.
—¿Cómo es que lo tienes?—le pregunté tomandolo y devolviendolo a su lugar en mi dedo pulgar.
—Alguien lo dejó en el buzón justamente el día del cumpleaños de anna—alcé la vista, impasible—tenía sangre incluso.
Maldito vincent.
Apreté los labios, preocupado de pronto.
—¿Anna lo vió?—cuestioné en un tono de voz un poco bajo, mirando mi dedo pulgar rodeado por la joya plateada.
—Por suerte fui yo quien lo encontró, pero ella estuvo presente, y se puso muy nerviosa—apreté la mandíbula, impotente.
—¿Por qué ese tipo no la deja en paz?—inquirió james, enojado—¿qué es lo que tiene en contra de ella?
Tomé una calada de aire y lo miré con firmeza.
—Él simplemente está enojado conmigo, le mentí en la cara con lo de la supuesta muerte de anna después de todo—james suspiró pellizcándose el puente de la nariz.
—Pero ella no tiene nada que ver, maldición—masculló entre dientes—si está enojado que se desquite contigo.
—Él sabe que a pesar de todo, anna es mi mayor debilidad y se aprovecha—comenté, frío.
—A la mierda con eso—siseó—dijiste que tú también te mantendrías alejado de ella, pero luego me entero de que has estado siguiéndola a todas partes desde aquello.
Tensé la mandíbula.
—¿Cómo deduces que eso es asi?—inquirí cruzandome de brazos.
—La chaqueta te pertenece y adam me mantiene al tanto de todo, no me creas un tonto, andersey—desvié la vista hastiado—¿no era que la odiabas?
—Si no la maté es porque quizá no.
—Pero aún así, ella estaría mejor si solo te alejas, Eithan—comentó con frustración—Carajo, ¿sabes el peligro que ella corre al estar cerca de personas como tú?