Jihyun se encontraba en un pequeño despacho saturado de papeles hasta el techo. Varias personas pasaban a dejarle archivos sin siquiera mirarlo a los ojos, susurrando cosas a sus espaldas.
—¿Ya vieron? El hijo del señor Lee Ji-uh... se creía tanto, y ahora está aquí, de archivista.
Como era posible que el hijo del mejor abogado del país y el más reconocido incluso por el presidente este en un rincón, en un cubículo pedorro y lleno de papeles, siendo mangoneado por gente por debajo de él.
Apretó la mandíbula.
No podía explotar en colera, no podía amenazar, no podía aplastarlos como se merecían.
No aquí. Todavía no.
— Pobres idiotas, apuntare uno a uno sus nombres, recordare sus rostros y cuando yo tome este lugar, los despediré uno por uno —susurró mientras ordenaba otro folder, con ese veneno elegante que solo él podía producir—. Asalariados mediocres.
Se reclinó en su silla, dejando caer la pluma sobre la mesa. Y entonces, como si necesitara recordarse que todo esto era temporal, su mente retrocedió.
Unos meses atras
—¿Crees que con esas actitudes te dejaré el negocio, Jihyun?. ¡Es una vergüenza, eres un bueno para nada! —el señor Lee golpeó el escritorio—. No dimensionas el peso que llevas sobre tus hombros, solo piensas en fiestas, lujos y aparecer en revistas sociales. ¿Qué futuro le espera a la firma si te dejo? ¿Qué futuro puedes ofrecerle a Moon?
Su cuerpo se tensó, de resentimiento, pero ante las circunstancias tenía que doblegar su arrogancia.
—Padre, por favor... te juro que puedo dar más. Dame una oportunidad de seguir siendo socio a tu lado —la voz de Jihyun tembló, pero no de arrepentimiento, ocultando en su mirada la ira contenida.
El hombre negó, implacable.
—Se acabó tu vida de príncipe. A partir de hoy trabajarás desde cero. Te iras al Archivo y llevaras los expedientes a los demás colegas. Como cualquier empleado tendrás un sueldo quincenal. — el Sr. Lee lo señalaba con dureza, con la que un padre trataba de aleccionar a su hijo. —Aprenderás a rascarte con tus propias uñas si quieres ganarte nuevamente el lugar de socio de la firma.
Jihyun bajó la cabeza, pero en sus ojos había un brillo frío.
Un plan.
Momento actual
Mientras firmaba una hoja más —Son unos idiotas—, Jihyun solo sonrió.
Su padre creía que lo había castigado.
Que empezarlo desde abajo le enseñaría humildad.
Qué tierno, que tonto.
La verdad era otra:
desde abajo todo se ve.
Los socios confiaban demasiado en sus asistentes.
Los pasantes hablaban de más.
Y los documentos olvidados en estas bandejas contenían secretos, fallas y vulnerabilidades...contactos, todas listas para ser usadas.
El puesto insignificante que le dieron no era un castigo.
Era acceso.
Acceso que nadie vigilaba, acceso que podía manipular sin ser observado.
Si su padre quería creer que lo doblegó, que lo crea.
Dejarlo vivir en esa fantasía era parte del juego.
—Moon... —susurró, entrelazando los dedos detrás de su nuca mientras una sonrisa maliciosa se dibujaba en su rostro—. Si los críticos la escogen para la exposición de Nueva York, ella se hará famosa. Y si ella se hace famosa... su dinero será mío cuando nos casemos y ademas la represente y lleve sus asuntos.
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Callejero
FanfictionMoon tiene un compromiso perfecto... al menos sobre el papel. Pero detrás de la fachada se esconde una relación fría, expectativas familiares aplastantes y un futuro que no eligió. Todo cambia cuando conoce a Namjoon, un rapero de alma sensible y pa...
