LA BODA

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En el estudio, nadie dormía realmente.  Fue una semana dura, una semana de preparacion para liberar a Moon de la manipulación de Jihyun.

Yoongi y Hobi tenían la mesa cubierta de planos impresos de la iglesia, rutas marcadas con pluma roja, posibles salidas de emergencia. Volvía a trazar líneas una y otra vez, como si al hacerlo pudiera anticipar cualquier error.

—Si algo sale mal aquí —murmuró Yoongi—, nos cierran el paso.
—Si pasa eso hyung, yo los ire guiando a distancia, como lo practicamos.

Jimin coordinaba mensajes desde su celular, entradas, horarios, nombres de invitados clave. Cada vibración del teléfono era una actualización nueva.

—Mis amigos de la prensa me confirman que llegan veinte minutos antes de la ceremonia —dijo sin levantar la vista—. Para en ese momento debemos de estar preparados para dar la mejor actuacion de nuestras vidas.

Jungkook y Taehyung iban y venían debían permanecer a lado de Moon, aparentando calma, apoyando a su querida amiga, haciendo bromas innecesarias... pero en cuanto llegaban al estudio, el silencio los delataba. Ambos sabían que esa boda era una bomba de tiempo y que debian detenerla a como fuera lugar.

Y Namjoon...

Namjoon debia estar al tanto de todo lo que se planeaba.

Pero una noche antes...No.

Horas antes de la medianoche, había salido del estudio sin decir mucho. Solo tomó su abrigo, las llaves y el celular.

—Voy a ver a Jin —dijo—. Necesito saber algo más antes de que llegue la hora.

El muelle estaba casi desierto cuando llegó a la bodega. El aire olía a sal y metal, y el sonido del mar golpeando a lo lejos hacía que todo se sintiera más real... más definitivo.

Jin lo esperaba en el centro del lugar, sin saco, con las mangas de la camisa arremangadas. A su alrededor, dos de sus hombres guardaban distancia.

—Llegas puntual —comentó Jin, mirándolo de arriba abajo—. Eso me gusta. El amor responsable es el más peligroso.

—No vengo a hablar de amor —respondió Namjoon, serio—. Vengo a saber cuándo entro... y qué pasa si Jihyun intenta detenerme.

Jin sonrió de medio lado.

—Ah. Entonces vienes a hablar de amor.

Se acercó a una mesa y desplegó un plano de la iglesia.

—Entrarás aquí —señaló—. Cuando yo dé la señal. No antes. No después. El momento exacto en que la pregunta se haga entro yo y después...apareces tú.

Namjoon asintió.

—¿Y que pasa si se sale de control?

Jin lo observó en silencio unos segundos.

—Entonces necesitas estar listo.

Chasqueó los dedos.

Uno de los matones lanzó un par de guantes al suelo.

—Quítate el abrigo.

Namjoon frunció el ceño.

—¿Ahora?

—Ahora —repitió Jin—. El amor sin preparación es solo un deseo bonito.

No fue un entrenamiento elegante.

Fue directo.

Jin le enseñó a cubrirse, a caer sin romperse, a bloquear un golpe torpe pero cargado de rabia. Namjoon terminó con los nudillos ardiendo y el pecho agitado, pero sin retroceder.

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