--------------MOON
La exhibición de Park Seo-bo era una de esas cosas que se permitía en silencio, casi como un acto de rebeldía íntima. Arte minimalista, trazos repetidos, disciplina y obsesión convertidas en lenguaje. Algo que entendía demasiado bien.
No había planeado ir acompañada.
De hecho, esa era precisamente la razón por la que había ido.
Caminaba despacio entre las piezas, como si cada paso necesitara ser medido, como si el espacio exigiera respeto. Llevaba una copa de vino entre los dedos, pero apenas la había probado. No estaba ahí para distraerme, sino para sentirme... viva. Presente.
Entonces ocurrió.
No fue visual.
No fue racional.
Me detuve en seco, fue un impacto directo en el pecho, un vuelco abrupto, como si el corazón se equivocara de ritmo y no supiera cómo corregirse.
Fruncí el ceño, confundida, y levanté la mirada.
Ahí estaba.
Namjoon.
Al otro lado de la sala, detenido frente a una obra, con las manos en los bolsillos del abrigo oscuro y esa postura suya que conocía demasiado bien. Relajada por fuera, tensa por dentro. Su rostro tenía esa expresión concentrada, casi devota, que solo aparecía cuando el arte lograba atravesarlo. Como si nada más existiera en ese instante.
El mundo se estrechó.
El murmullo de la gente se volvió lejano, distorsionado, como si alguien hubiera bajado el volumen de la realidad solo para mí. Durante un segundo interminable, ninguno de los dos se movió. No porque no quisiéramos, sino porque el cuerpo no sabía todavía cómo reaccionar.
Nuestras miradas se encontraron a la distancia.
Y algo giró dentro de mí.
Como una llave antigua. Oxidada.
Esa duda. El aun Anhelo. El potente miedo.
Mi mente reaccionó tarde, pero cuando lo hizo, fue cruelmente eficiente. El nombre de Jihyun apareció como una advertencia. Sus ojos atentos. La sonrisa que nunca prometían nada bueno. Las amenazas y arrebatos de violencia. Las obras de mi padre desapareciendo una a una, como castigos silenciosos por atreverme a salir del molde.
Quise moverme.
Quise irme.
Pero mis pies no obedecieron.
Vi a Namjoon tensarse apenas, como si también estuviera librando una batalla interna. No sabía exactamente qué pensaba, pero podía adivinarlo. Límites. Precauciones. El impulso casi automático de huir antes de volver a romperse.
Y aun así... ninguno se fue.
Avanzamos casi al mismo tiempo, con pasos torpes, nerviosos, fingiendo interés en piezas intermedias que ninguno estaba realmente observando. Como si el espacio nos empujara con una delicadeza cruel, burlona, bien calculada. Cuando levanté la vista de nuevo, estábamos frente a la misma escultura.
Nos detuvimos.
—Ah... —dijo Namjoon, sorprendido, rascándose la nuca—. Perdón, no te vi...
Sonreí, nerviosa.—Yo tampoco —mentí —. Bueno... sí te vi. Pero no sabía si...
Dejé la frase inconclusa, suspendida entre nosotros.
Reímos bajo, casi al mismo tiempo. Una risa suave, contenida, cargada de nervios. Incómoda, pero extrañamente cálida. Como reencontrarse con algo familiar que ya no sabes si te pertenece.
El silencio que siguió no fue incómodo. Fue espeso, fácil podía tener unas tijeras y cortar esa tensión entre nosotros. Lleno de cosas no dichas, de recuerdos que se amontonaban entre respiraciones cuidadosas.
—Siempre termino aquí —dijo Namjoon, señalando la escultura—. Park Seo-bo tiene algo... obsesivo. Repite el gesto hasta que deja de ser humano.
Incliné la cabeza, observando los relieves. Sentí el impulso de acercarme un poco más, como si pudiera leer la intención del artista con la yema de los dedos.
ESTÁS LEYENDO
Callejero
Fiksi PenggemarMoon tiene un compromiso perfecto... al menos sobre el papel. Pero detrás de la fachada se esconde una relación fría, expectativas familiares aplastantes y un futuro que no eligió. Todo cambia cuando conoce a Namjoon, un rapero de alma sensible y pa...
