{TRAP/1}

581 37 14
                                        

El motor rugía como si fuera a desarmarse en cualquier instante. Los edificios pasaban tan rápido que parecían manchas borrosas de luces y sombras.

—¡Yaaa, yaaa, acelera! ¡¡Nos está alcanzando!! —gritó Yoongi desde el asiento trasero, apretando los dedos contra el respaldo como si de eso dependiera su vida.

Jungkook inclinó el cuerpo hacia adelante, con los brazos tensos sobre el volante.

—¡Voy lo más rápido que puedo! ¡No me exijan más! —respondió mientras zigzagueaba entre los autos de la ciudad.

Jimin, con una mezcla de molestia y resignación, solo cruzó los brazos y miró a Namjoon con los ojos entrecerrados.

—Todo esto no hubiera pasado si alguien hubiera hecho las cosas bien —soltó en un susurro acusador.

Namjoon alzó una ceja, tranquilo, como si estuvieran conversando en una cafetería y no en medio de una persecución.

—Hey, no me culpen. Fueron las circunstancias las que nos trajeron aquí —murmuró, encogiéndose de hombros.

Yo ya no soportaba más.

—¡Basta, muchachos! —alcé la voz con fuerza.

Sé que seguramente se estarán preguntando: ¿Cómo demonios terminamos huyendo por la ciudad a toda velocidad de él?

Pues bien...

Mi nombre es Son Ji-moon, aunque todos me dicen Moon. Tengo 24 años, estudio Artes Contemporáneas, y esta es la historia de cómo terminé enamorada de un rapero callejero.

《LA ABURRIDA DE MI》

El despertador sonó como si quisiera provocarme. Yo seguía enterrada entre mis cobijas, luchando por aferrarme a un sueño que ya se desvanecía.

—Dios... no. Qué horror. Yo aún quiero dormir —murmuré estirando una mano fuera de las sábanas para apagar el ruido.

Me incorporé con desgano. El cabello hecho un nido y los ojos todavía medio cerrados. Lo único que podía pensar era en café, café y más café.

No necesitaba glamour para ir a la universidad. Unos jeans rotos, una blusa manchada de pintura, una coleta alta y un maquillaje mínimo eran mi uniforme artístico diario.

Apenas tomé mi mochila cuando escuché el claxon insistente de un auto afuera. Con ese nivel de desesperación solo podía ser una persona.

Suspiré.

Mi novio.

Bajé corriendo las escaleras de mi edificio y me subí a su coche. Como era costumbre, nos dimos el primero de los tres besos rutinarios que nos dábamos al día.

Lee Jihyun, mi novio desde la secundaria, también de 24 años y estudiante de Derecho. Siete años juntos. Demasiado tiempo para algunos, costumbre para otros, rutina para mí.

Últimamente todo entre nosotros estaba... tibio. Como una taza de café olvidada.

Él me echó una mirada de arriba abajo, una que ya conocía demasiado bien.

—¿Otra vez vestida como hippie? —preguntó con esa voz cargada de juicio.

Me acomodé la mochila sobre las piernas, sin siquiera voltear a verlo.

—¿Otra vez vestido con la ropa de tu padre? Hasta hueles a viejito vestido así —repliqué con indiferencia—. Soy artista, ¿para qué quiero vestirme como las plásticas de tu salón? Igual voy a manchar la ropa con pintura.

Él apretó los labios, pero aun así tomó mi mano.

—Lo siento —dijo, haciendo una mueca—. A veces solo quisiera que te arreglaras un poco más para que mis amigos vean lo hermosa que eres detrás de toda esa pintura.

Rodé los ojos con cansancio.

—¿Para tus amigos? ¿De verdad? No soy un trofeo, Jihyun. Ámame como soy, igual que desde que me conociste.

Él soltó un largo suspiro, rindiéndose.

—Tienes razón. Te amo. Y creo que no hay mejor persona que tú para ser mi esposa —fingió una sonrisa que solo tensó más el ambiente.

Al llegar a la universidad nos despedimos con otra sonrisa falsa. Cada vez que él se alejaba, sentía que podía respirar de nuevo.

Y claro, mis amigos se daban cuenta.

—Hey, Moon —la voz alegre de Taehyung resonó cuando me alcanzó—. ¿Ya dejaste que tu Ken se fuera a jugar con las otras Barbies?

Le di un pequeño golpe en el brazo.

—Cállate, Tae —respondí entre risas.

Jungkook apareció a su lado, comiéndose una dona como si la vida dependiera de ella.

—Moon, sigo sin entender cómo sigues con él —dijo con la boca llena—. Se les nota la indiferencia desde lejos.

Suspiré.

—Es complicado. Ya les dije: siete años juntos... y además nuestros padres esperan boda. ¿Ya les conté que mi mamá fue con la bruja?

Los dos giraron de golpe hacia mí.

—Noooo —dijeron al unísono.

—¿Qué te dijo la bruja? —preguntó Tae emocionado—. Esas cosas siempre son bien acertadas.

Rodé los ojos.

—Algo ridículo: que un dragón llenará mi vida de prosperidad, abundancia y amor. ¡Por favor! Y mi mamá insiste que ese dragón es Jihyun ahora que entrará al bufete de su papá.

—¿Jihyun un dragón? Ese tipo parece un topo con músculos —soltó Jungkook.

—La única abundancia que te puede dar es la del dinero de su papá —añadió Tae, revisando su celular—. Por cierto, mi amigo Yoongi me invitó a una exposición de arte urbano. Van a rapear como parte de la expo. ¡Va a estar RM!

Jungkook se atragantó de emoción.

—¿¡RM!? ¡¡RM el rapero!! ¡Él es increíble! ¡Tae llévame! ¡Llévameeee! —lo sacudía como un maníaco.

—¡Ya, ya! ¡Vas a hacer que se me hunda la mollera! —se quejó Tae.

Los miré, divertida.

—¿RM? Creo que no lo he escuchado.

Tae se burló.

—¡Claro que no! Si solo oyes la música que pone tu Ken. Ni playlist tienes en Spotify.

Jungkook sonrió como niño, mientras que migajas de su dona se quedaban incrustadas en sus mejillas.

—Ya lo conocerás... te va a hechizar.

—Anda, Moon, di que sí —pidieron ambos haciendo cara de perritos abandonados, ¿acaso no habia otra manera de pedirmelo sin que se vean adorables?

Suspiré hondamente y solte.

—Está bien... iré. Pero solo porque ustedes estarán ahí, par de mensos.

Los dos me abrazaron emocionados, prácticamente me desaparecía de entre ellos cuando lo hacían, lo cual me da mucha alegría.

—¿Saben? ...Son peligrosamente adorables —reí entre sus brazos.

Y así, sin saberlo, estaba a punto de encontrarme con la persona que cambiaría mi vida por completo.

CallejeroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora