Moon tiene un compromiso perfecto... al menos sobre el papel. Pero detrás de la fachada se esconde una relación fría, expectativas familiares aplastantes y un futuro que no eligió. Todo cambia cuando conoce a Namjoon, un rapero de alma sensible y pa...
Soomi entrelazó sus dedos con los míos, y esa simple presión en mis manos me hizo sentir expuesto, descubierto.
—Sabes que pienso, que de seguro ella debe estar pasándola bien con su novio —dijo con un tono suave, pero filoso—, mientras tú estás aquí disculpándote... pasándola mal. No es justo que solo ella se esté divirtiendo y tú sigas llorándole.
Sentí un latigazo seco en el pecho. No sé por qué... pero dolió. Quizá porque una parte de mí temía que fuera verdad. Que mientras yo me partía en dos tratando de mantenerme en pie... y Moon estuviera bien, en su mundo, lejos de mí. Con él.
Soomi se levantó despacio y quedó frente a mí. Su sombra cayó sobre mis piernas. Por un momento, no pude moverme.
¿Y si tiene razón? ¿Y si Moon está tranquila, feliz, recuperada, mientras yo sigo aquí sufriéndola?
Me miró los labios. La intención fue tan clara que mi respiración tropezó en mi garganta. Su mano libre subió a mi mejilla y el calor de su palma me recorrió la piel como un mensaje que yo no podía interpretar.
A diferencia de Moon... Soomi no tenía que estirarse para alcanzarme. No había ternura torpe, no había puntas de pies buscando mi altura. Ella simplemente... llegaba.
Y entonces pasó.
Sus labios presionaron los míos. Un beso firme. Seguro. Decidido.
Yo... no sentí nada.
Solo el hueco inmenso de lo que faltaba.
Pero le seguí el juego. Mis manos fueron a su cintura, casi por reflejo, acercándola más. Ella soltó un pequeño gemido sorprendido, como si esperara que yo la rechazara... pero no lo hice.
¿Qué estás haciendo, Namjoon?
¿De verdad crees que esto te va a ayudar a olvidar?
Caímos sobre la cama lentamente, como si el mundo se estuviera inclinando. Mi gorra voló por encima del colchón y cayó en la silla con un golpe apagado. Soomi entrelazó sus dedos detrás de mi nuca, profundizando el beso, desesperada por encontrar algo en mí... algo que yo no podía darle.
Su ímpetu chocaba contra mi vacío.
Me separé de ella. Nuestras respiraciones eran rápidas, entrecortadas, como si hubiéramos corrido sin movernos del sitio.
Ella me sonrió. Yo solo sentí una punzada de culpa desgarrándome las costillas.
—...No puedo —logré decir, apenas un murmullo.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Su sonrisa se quebró un poco.
—¿Por qué? —susurró, buscando mis ojos—. Tal vez... después de esto, algo bonito podría nacer entre nosotros.