Moon tiene un compromiso perfecto... al menos sobre el papel. Pero detrás de la fachada se esconde una relación fría, expectativas familiares aplastantes y un futuro que no eligió. Todo cambia cuando conoce a Namjoon, un rapero de alma sensible y pa...
El restaurante privado que había reservado era elegante, discreto y, sobre todo, seguro. Perfecto para lo que estábamos a punto de planear.
Apenas la puerta se abrió, extendi los brazos como si recibiera a mis pequeños hermanos que esperaba con mucha alegría.
—¡Mis amigos! ¡Kanguro, Tete y Jimin-ah! —exclame, mientras que mi bello rostro los iluminaba con una sonrisa, como si fuera el sol mismo.
—¡Señor Hermoso! —gritaron Taehyung y Jimin antes de lanzarse sobre mi en un abrazo asfixiante.
Jungkook llegó detrás, más tranquilo... pero igual emocionado. Los abrazó a todos con ese aire de "soy yo, lo sé, soy su hyung mas cool".
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—¿Y bien? ¿Cómo va nuestro pequeño plan?
Jimin suspiró con la emoción contenida.
—Gracias a tu ayuda hemos avanzado mucho. El abogado dice que... falta lo más importante. —Hizo una pausa—. Necesitamos los papeles originales de la sucesión del padre de Moon. Sin ellos no podemos recuperar los derechos.
Jungkook cruzó los brazos, serio.
—Y solo queda un mes para la boda. No podemos fallar.
Tae frunció la boca en un puchero adorable.
—¿Cómo vamos a quitarle los papeles a ese infeliz? Los debe tener muy bien ocultos.
Los cuatro nos quedamos en silencio un momento, imaginando posibilidades.
Hasta que Jungkook chasqueó los dedos.
—¿Y si hacemos unas replicas y las intercambiamos por las originales? —propuso—. Si conseguimos distraerlo aunque sea unos minutos y hacer el cambio.
Jimin levantó una ceja, pero luego sonrió... esa sonrisa suya de demonio disfrazado de inocencia.
—Podemos embriagarlo. —Se rió—. Aunque...Jin lo mando al hospital¿cómo diablos vamos a esperar a que salga de ahi? no podemos esperar mas tiempo.
Los tres me miraron.
Yo solo sonreí.
Esa sonrisa mía que suena como una ventana recién lavada... rechinando.
—Mis niños —dije con suavidad peligrosa—. Yo no tengo por qué esperar nada. Nadie me hace esperar cuando se trata de negocios.
Tae tragó saliva. Jungkook también. Jimin escondió una risita nerviosa.
—Simplemente —continué acomodando mi saco— voy a seguir empujando a Jihyun hacia sus propios errores. Y mañana... haré una visita muy amigable al hospital.
—¿Para qué? —preguntó Jimin.
—Para recordarle la fecha, la hora y el lugar donde nos reuniremos —respondí—. Si no llega con los papeles originales... mandaré por él. Y no será con flores.