{Trap/36}

80 19 16
                                        

Ya casi amanecía.
La habitación tenía ese tono azul grisáceo que deja la madrugada cuando está a punto de desaparecer. Moon dormía sobre mi pecho, tranquila... demasiado tranquila para lo que había pasado entre nosotros.

Hacer el amor con ella esa noche había sido como volver a un lugar al que juré no regresar, pero que mi cuerpo y mi alma nunca dejaron de llamar hogar.

No lo sé...tal vez tenía la necesidad de que esto pasara por última vez antes de poderla soltar.

Aun así, mi Suga interior como me gustaba llamar a la voz de mi conciencia, me repetía como alarma: "hiciste algo increíblemente estúpido"

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Aun así, mi Suga interior como me gustaba llamar a la voz de mi conciencia, me repetía como alarma: "hiciste algo increíblemente estúpido" ...
Pero yo no sentía ese arrepentimiento.
Solo un brillo efímero de paz... uno que no merecía.

Ella suspiró sobre mi piel, rozando mi clavícula.
Sentí un tirón profundo en el pecho.

La necesito. Todo en mí la necesita.
Pero esto no es lo correcto.
No así. No mientras Jihyun esté ahí afuera moviendo hilos en las sombras... y yo siga atrapado en su juego.

 y yo siga atrapado en su juego

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


Tragué saliva con dificultad.

Quizá necesitaba esto una última vez.
Un último recuerdo antes de soltarla definitivamente.

Me incliné y murmuré contra sus labios:
—Lo siento, Moon...

Le di un beso suave, casi inexistente, como un adiós que me rompía.

La acomodé lentamente sobre la almohada.
Me quedé allí, de pie, memorizándola: la curva de su cintura bajo la sábana, la sombra de sus pestañas sobre las mejillas, el cabello desordenado en la almohada.
Grabando también sus caricias, su voz temblorosa llamándome, sus manos aferrándose a mí como si aún creyera que podía protegerla.

 Grabando también sus caricias, su voz temblorosa llamándome, sus manos aferrándose a mí como si aún creyera que podía protegerla

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
CallejeroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora