{Trap/24}

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---------------------------------- Nam

La noche anterior había sido una de esas que merecen guardarse como un recuerdo tibio dentro del pecho, por si algún día la vida decidía ponerse cruel. El departamento estaba iluminado solo por luces suaves, la ventana abierta dejando entrar una brisa que movía las cortinas y hacía que la habitación pareciera suspendida en otro mundo.

Entre las sábanas, nuestros cuerpos se buscaban con una familiaridad que había tardado meses en construirse, pero que ahora se sentía inevitable. Habíamos pasado horas hablando, riendo bajito, besándonos con esa calma que empieza siendo juego y termina siendo urgencia. Cada caricia era una conversación aparte; cada roce, una confesión que no necesitaba palabras.

Ella terminó sobre mí, sentí su calidez mojarme después de su orgasmo, nuestras frentes unidas, respirando el mismo aire. Mis manos seguían marcando el ritmo, porque yo aun tenía esta dureza por bajar: y con una mano firme en su cintura y con la otra acariciándole la nuca seguía, como si temiera que pudiera desvanecerse si la soltaba. seguíamos moviéndonos juntos, sincronizados, con la confianza de dos personas que ya no tenían miedo de ser vulnerables frente al otro.

Más tarde, cuando ambos caímos rendidos sobre la cama, la sostuve entre mis brazos y mis dedos comenzaron a dibujar círculos distraídos en su piel.
—No quiero que nada te haga daño —murmure contra su cuello.
Me abrazo más fuerte, sintiendo cómo ese simple murmuro le hacía temblar el corazón.
—Contigo nada duele —respondió.

Hablamos en susurros sobre Nueva York, sobre planes, sobre lo que queríamos construir. El mundo afuera dejó de importar. Ella se quedó dormida con un beso mio en la frente, creyendo que a la mañana siguiente, el día sería igual de perfecto.

Pero la calma a veces es solo un preludio disfrazado.

Yo desperté primero. Siempre lo hacía. me gustaba verla dormir, tranquila, envuelta solo por la sábana, respirando despacio como si por fin hubiera encontrado un lugar donde descansar su alma. La observó con una mezcla de ternura y asombro; para mi, ella era belleza real, sin artificios.

Acaricie su cintura con suavidad.
—Te amo —susurró, aunque sabía que ella no me escucharía.

Le di un beso antes de levantarme, prometiéndole que esta noche la invitaría a cenar para celebrar, porque cada día con ella se sentía como un regalo que aún no creía merecer del todo.

No imaginaba que esa mañana sería la última tranquila por mucho tiempo.
Que al cerrar la puerta, algo ya se estaba terminando de planear, y se preparaba el primer golpe.

Jihyun había esperado el momento adecuado para efectuar su venganza...

------------------------------------Jihyun

Jihyun había esperado el momento perfecto para moverse.
La venganza —para alguien como él— no era un impulso: era un derecho.
Y ahora la necesitaba más que nunca.

En los últimos meses, sus deudas se habían convertido en un agujero oscuro que amenazaba con tragárselo vivo.
Aun así, él seguía caminando por la vida con la barbilla en alto, como si no estuviera a punto de perderlo todo.
Los Lee no se arrastran, solía repetirse.
Aunque, a estas alturas, ya lo hacía todos los días.

Había inventado excusas ridículas para no pagar cuando salía con sus amigos; fingía que "su tarjeta estaba fallando", que "su asistente había transferido tarde".
Había dejado de frecuentar a las mujeres con las que se acostaba porque no podía costear ni un mísero cuarto de hotel decente, y ni hablar de regalos.
Eso lo enfurecía.
¿Cómo se supone que mantendría su imagen si no podía comprar cosas?
La idea de que alguien pudiera verlo igual que al resto de los hombres comunes lo hacía hervir por dentro.

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