Los gritos desastrosos —y, honestamente, un poco infantiles— de Tae y Jungkook me llegaron antes de que yo los viera. Ambos venían directo hacia mí, con los delantales llenos de pintura, manchas en la cara y una cerveza en la mano como si fuera parte esencial de su proceso creativo.
—¡RM, qué sorpresa! ¿Qué haces aquí? —Jungkook me sonrió mientras chocábamos puños.
—¿Qué no es evidente? Viene a ver a nuestra Moon —dijo Tae, empujándola suavemente por la espalda con una sonrisa burlona.
—Am... yo vine a verlos a todos —respondí, sintiendo el calor subirme a la cara mientras levantaba las bolsas de comida—. Supuse que estarían trabajando juntos, así que pensé en venir a darles ánimo.
Entramos a la sala, que también funcionaba como un estudio improvisado. Había latas de pintura abiertas, pinceles atrapados bajo servilletas, lienzos por todas partes... caos puro.
—Dios... mi casa está hecha un desastre, pero no siempre está así —Moon intentó acomodar algo, abriéndose paso entre pinceles para hacer espacio en la mesa.
Mientras ella intentaba ordenar, Tae y Jungkook se acercaron a mí como si fueran espías conspirando en una misión secreta.
—Ajdjdndkff— susurró Jungkook, completamente ininteligible.
—Qjwjdjfkd— agregó Tae.
—Chicos... no entiendo nada —dije frunciendo el ceño.
—JAJA, solo hacíamos ruidos —rió Jungkook. Tae se contagió—. Ahora sí, ven, ven.
Ambos se inclinaron hacia mis oídos.
—Si vas a hacer un movimiento con Moon, debe ser hoy —susurró Tae—. Aprovecha que Jihyun anda actuando como un idiota.
—Es tu momento de dejar tu huella en su corazón —añadió Jungkook con una sonrisa que me dio más miedo que confianza.
Los dos se estiraron exageradamente, como si fueran actores en una obra improvisada.
—Aaaah... ñam ñam, Moon —dijo Tae—. Nos vamos a recostar un rato en tu cama. Dormimos sobre un lienzo... me siento de 80 años.
—RM, por favor quédate haciéndole compañía —agregó Jungkook—. Regresamos si es que nos despertamos.
—Pero... ¿qué? ¡No me dejen sola con—!
La puerta se cerró con llave antes de que pudiera terminar la frase.
Moon suspiró.
Yo también.
Por razones muy distintas.
Me apoyé en la pared, preocupado.
—¿Te molesta quedarte sola conmigo? —pregunté con la voz más torpe que recordaba tener—. Si te sientes incómoda... puedo irme. No quiero que pienses que te presiono.
Caminé hacia la puerta, pero algo suave me detuvo.
Su mano.
Tirando de la manga de mi sudadera.
—No... no te vayas, Nam —susurró sin mirarme a los ojos—. No era mi intención que pensaras que eres tú quien me incomoda.
Tomé su mano.
La sensación de sus dedos envueltos en los míos me desarmó.
—Yo tampoco quiero irme, Moon.
Nos sentamos a comer entre botes de pintura y latas de cerveza. Su mano era pequeña comparada con la mía, delicada, cálida. Se perdía entre mis dedos y aun así sentía que era yo quien se sostenía de ella.
Habló de la exposición, de los nervios, de las palabras duras de Jihyun que le habían dejado cicatrices en lugares que él nunca vería.
Mientras se tocaba el cabello y suspiraba, la observé sin poder apartar la mirada.
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Callejero
FanfictionMoon tiene un compromiso perfecto... al menos sobre el papel. Pero detrás de la fachada se esconde una relación fría, expectativas familiares aplastantes y un futuro que no eligió. Todo cambia cuando conoce a Namjoon, un rapero de alma sensible y pa...
