dieciséis

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Jeon JungKook.

Después de las palabras de Lucrecia ella se sentó en mi regazo, pasando sus brazos por mis hombros mientras mis manos se entretenían en su cintura, subiendo y bajando lentamente los pulgares por la zona de su cuerpo.

Ella y yo habíamos sido novios por nueve meses, casi diez, hace un año que terminamos y entiendo la razón, pero ella ni siquiera me dejó explicarme. Yo había ido de fiesta, tomé, muchísimo, era la primera vez que bebía tanto y claro que eso tuvo consecuencias.

Ese día, bueno, al otro en realidad, cumplíamos diez meses, el cinco de agosto, y yo el cuatro me fui de fiesta con mis amigos, incluyendo a Carla, mi mejor amiga. Mi idea era irme de la fiesta antes de las doce, para aparecer en su cuarto y pasar juntos desde el minuto uno en el que cumplíamos otro mes más de noviazgo, pero el alcohol hizo de las suyas y me llevó por otro camino.

Al otro día cuando desperté, obviamente con una resaca inolvidable, me encontraba en la misma cama que mi mejor amiga, ambos desnudos, con marcas de la noche de placer que habíamos pasado y el preservativo cargado de semen tirado en el suelo. Está de más decir que la culpa me invadió por completo, no podía ni ver a Lucrecia que me largaba a llorar por dañar una relación tan bonita, por un estúpida noche placentera que aparte de no recordar, podía tenerla con mi propia novia.

No llegué a contarle mucho, a penas escuchó la frase "Lo siento, te fui infiel" tanto su mundo como el mío se desmoronó. No me dejó explicarme, aunque no tenía una buena razón, estar borracho no es justificación para meterle los cuernos, y menos con la que era nuestra mejor amiga en común. Desde ese día Lu se alejó de todos, y comenzó a ser más fría que de costumbre, yo no la molesté porque quería darle su espacio después de estar casi tres meses detrás de ella rogándole una segunda oportunidad, o que al menos me escuche.

Pero obvio que no lo hizo ni permitió, por un tiempo dejé de molestarla, hasta ahora, que me había propuesto comenzar nuevamente con ella, diciéndole la verdad y esta vez sin dejarla ir de mis brazos. Y ahora al tenerla sobre mis piernas, tan excitada, pidiendo que la haga mía nuevamente, me volaba la cabeza, aunque no haríamos nada, no está conciente y no quiero que mañana se arrepienta.

⎯ Lu, no...⎯ pedí jadeando cuando comenzó a moverse sobre la erección que se formó en mis pantalones al verla bailar de esa forma solo para mí. No había nadie más, ni Massimo, ni Renata, ni nadie. Solo Lu y Kook. Como siempre fué y debió ser.⎯ deja de moverte o voy a terminar follandote.

⎯ Es la idea.⎯ rió pícara para tomar mis manos y posarlas en sus pechos cubiertos por el brasier negro.⎯ Anda, por favor.⎯ dió saltitos, pareciendo una niña pequeña con un capricho cuando no le dan su juguete.

Comenzó a besar mi cuello a la vez que daba mordidas, yo llevaba la cabeza hacia atrás mientras mis manos inconscientemente la impulsaban para que siga frotando su intimidad con la mía. Cerré los ojos disfrutando de su muestra de afecto, no me interesaba saber que ahora podía entrar alguien, o que mañana tendría estas marcas en mi cuello.

No íbamos a tener sexo, de eso estaba seguro, no sería capaz de aprovecharme de ella y hacerlo sin que esté totalmente conciente. Y sé que tenía que detenerla cuanto antes, porque si seguía más tarde iba a ser imposible parar, tanto para ella como para mí, pero, Dios, no creía que era capaz de venirme solamente teniendola a ella frotándose sobre mí.

Llevó sus labios a los míos, besándome con lengua incluída y yo correspondí poniendo mi mano en su cabeza para pegarla más a mí, si es que eso era posible. La única luz en la habitación era la de la luna que entraba por la ventana junto a algunas que hacían reflejo, se escuchaban los gritos emocionados de mis compañeros, pero a pesar de eso yo podía escuchar a la perfección los bajos gemidos y jadeos que soltaba Lucrecia.

i hate you| jjk✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora