CAPÍTULO VEINTISÉIS

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Hyunjin despertó tan pronto como la noche cayó. Se sentía mucho mejor. Un litro de sangre fue entregado en su puerta y lo bebió de un trago. La sangre embotellada sabía a mierda, pero no tenía tiempo de ir de cacería.

Yuna todavía se alimentaba de él, porque, como ella decía, sabía mucho mejor.

Después de arreglarse, Hyunjin dejó a Yuna en la habitación y fue a revisar a Felix, quién le reportó no hubo incidentes a lo largo del día. Hyunjin asintió a la cámara en el pasillo, luego le indicó a Felix lo siguiera.

Jeongin se levantó, moviéndose lo mejor que pudo con el incómodo arnés puesto. Se acercó al frente de la cueva y enganchó sus manos tras la espalda.

—Veo que trajiste a tu guardián como refuerzo —dijo, asintiendo hacia Felix. Una de sus comisuras se rizó en una seductora media sonrisa.

Sin tener humor para discutir con Jeongin, Hyunjin no dijo nada.

—De cualquier forma, ¿por qué te sigue un guardián?

—Asumo que Lia tiene la autoridad para negociar un intercambio —dijo Hyunjin, dejando la pregunta de Jeongin sin respuesta.

—Ah, sí —dijo Jeongin en un tono serio y procedió a reírse entre dientes.

Hyunjin no pudo evitar observar la extensión y relajación de su abdomen. Realmente debió ponerle una camisa a Jeongin. Dejó de mirarlo fijamente para volverse hacia Felix, quién estuvo viendo a Hyunjin. Las comisuras de Felix se curvaron hacia abajo antes de que apartara la mirada.

—¿Algo divertido? —preguntó Hyunjin a Jeongin.

—Sí, desde el momento en que me convertí en General Mayor, ni un día ha pasado sin que tuviera que rendir cuentas de mi ubicación a alguien. Es el primer descanso que he tenido en siglos.

Hyunjin intentó imaginarse a Jeongin de vacaciones y cada escenario que visualizó era hilarante para él. Jeongin en la playa, sacudiendo la arena de todo. Jeongin en la Torre de Pisa, obligando a un cazador a que le tomara una foto como si sostuviera el edificio inclinado. Jeongin en Disneylandia, ladrando órdenes a los que esperaban para subir a la atracción en un intento de conseguir el asiento delantero de la montaña rusa. Hyunjin soltó una carcajada.

—Disfrútalo mientras puedas. Estoy seguro que Chan te reñirá cuando regreses por no dejarla hacer su trabajo. ¿Crees que conseguirá una caja para subirse, o algo similar, y quedar frente a frente contigo? ¿o te reducirá a su tamaño?

—Es bastante pequeña —acotó Felix, asintiendo—. Incluso comparada a mí.

—Sí —convino Jeongin—, supongo que sabré de ella en los próximos meses

—¿Meses? Años, mejor dicho —agregó una nueva voz.

De pie en la puerta, estaba Woojin. Vestía un atuendo negro que podía fácilmente ser confundido con el los cazadores. Tenía ribetes y encajes que se veían innecesarios pero en él lucía imponente.

—¿Qué sucede con todos y el encaje? ¿Hay algo malo con vestir simples camisetas?

La habitación quedó en silencio mientras Jeongin escrutaba a Woojin. Siempre en control de sus emociones, no demostró sorpresa en verlo.

—Kim —dijo. Lo llamaba por lo que Hyunjin asumió era su apellido. Más silencio entre ellos—. Parece que los reportes de tu muerte en Rusia no son del todo errados. Chan se enojará al enterarse que te convertiste.

Woojin atusó la manga de su camisa y frunció el ceño.

—¿Después de treinta y tres años? Estoy seguro de que ya lo superó. Jeongin no respondió.

Sire (Beautiful Monster)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora