Timothée
No podía creerlo, estaba en manos de la mujer a la que más había aborrecido durante tantos años. Qué irónica es la vida: haber luchado tanto por un ideal y caer con las manos atadas a luchar por lo contrario. Agnes Evans era la reencarnación del odio, de la ambición, de la sed de poder y no le importaba arrastrar a miles con ella para conseguir lo que deseaba. Fue ascendida a comandante de las unidades militares siendo ni bien cumplió la mayoría de edad, después de todo había sido entrenada para esto desde que aprendió a caminar, y era la mano derecha del gobernador, su relación era obvia: ella le obtenía los terrenos que él quisiera y él le daba una excusa para mantenerse en guerra y con ello saciar su sed de sangre.
Durante años la población se opuso a la guerra que, de todas formas, se desató. Una guerra sin sentido. ¿Pelear por un pedazo de tierra? ¿por minerales? Sabía que después de la Guerra Química, hace algunas décadas, las naciones sobrevivientes quedaron empobrecidas, entre ellas la nuestra, pero no veía como una opción el seguir matándonos para vivir, eso solo empeoraba nuestro estado de pobreza y nos acercaba a la extinción.
Todas estas ideas corrían por mi mente mientras me dirigía hacia la habitación que habían destinado para mí. Una vez que había ubicado mi habitación ingresé y me encontré con alguien a quien hace unos minutos daba por muerto.
―¡Timmy! ―gritó al verme entrar y corrió hacia mí para abrazarme. No me había dado cuenta lo mucho que necesitaba ver un rostro conocido o un abrazo.―Carl, Dios, creí que nunca más te vería ―le dije devolviéndole el abrazo, sinceramente me alegraba mucho verlo.
―¿Puedes creer que estamos vivos? ¡Y juntos! ―Me apretó una vez más y me soltó, sentándose en la cama.
―Aún no comprendo lo que pasó, pero estoy feliz de verte ―dije sentándome a su lado y dejándome caer en la cama, que me pareció la cama más cómoda en la que me había echado en muchos años.
―Te acostumbrarás, la gente aquí es buena, la comida y los ambientes también ―muchas personas se enlistaban en la guerra justamente debido a ello, el gobierno destinaba más dinero a formar ejércitos que a cuidar a sus ciudadanos. Las personas más pobres, acá al menos, tenían comida y un techo donde dormir y su familia recibía dinero mensualmente mientras estuvieran enlistadas.
―No todo puede ser bueno, estamos bajo el mando de Agnes ―expresé con una mueca en mis labios. El fastidio había reemplazado al enojo rápidamente. No era un tipo que se enojara con tanta intensidad por tanto tiempo.
―Sobre ella... no lo sé, Tim. Quizá estábamos confundidos. He tratado con ella y ha sido muy amable, y, wow, había olvidado lo guapa que es.
―Seguro que sí ―murmuré entre dientes, tenía que admitir lo atractiva que era, pero nunca lo haría en voz alta, ni esa ni ninguna de las virtudes que esa mujer podría tener―, ¿cómo crees que se gana a la gente? Ya caíste en su trampa.
―Vamos, Tim, no puede ser tan mala. De todas formas, ni la conoces ―entrecerré los ojos, no necesitaba conocerla, no quería hacerlo, ni siquiera quería tener que pasar el tiempo con ella o cerca de ella, con conocer sus acciones me bastaba.
―Mejor para mí.
―Es amigable, ya verás. Será mejor que te deje descansar. Mi habitación está al lado, Agnes me dejó elegir la tuya para estar más cerca ―dijo levantándose de la cama y con una sonrisa en los labios―. Acomódate, desde mañana será como en nuestros tiempos de preparación ―y como si fuera posible, su sonrisa se agrandó. Se refería a nuestra preparación militar, tiempos nada buenos para mí, pero en los que pude contar con él y, gracias a eso, sobrevivir todo ese tiempo sin enloquecer.
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Entre el fuego y la guerra ▪︎ T. Chalamet
FanficEn un mundo que vive en una guerra constante, ella comanda una de las más grandes fuerzas y busca encaminar a su Nación a la victoria absoluta. Él, por su parte, solo busca detener el innecesario derramamiento de sangre y encontrar paz para toda la...