Agnes
Me levanté como cada mañana, minutos antes de las 5:00 am con la rutina en mente de ejercitarme antes de iniciar el día y en soledad, hasta que recordé el "recado" de Antonieta. Ella se había retirado la noche anterior junto con un grupo más de médicas debido al ataque a la unidad R-11, pero antes tenía un favor que pedirme y claramente no pude negarme.
Por otro lado, no dejaba de preocuparme que ahora actuaran de esa forma, atacando a personas durante su descanso, ¿a ese punto de la guerra habíamos llegado?, ¿qué podría hacer para proteger a nuestra unidad si atravesáramos algo como eso?, ¿cuándo podríamos tener al menos una noche de sueño en paz?
Lo primero que habíamos decidido tras el ataque a la unidad R-11 era ser transparentes: hablamos sobre Antón y su estancia, lo más adecuado era compartir la información antes de tener malosentendidos e incluso que se nos culpe del ataque cuando los responsables eran los de la Nación del Norte, quienes seguro habían pensado que en esa unidad habían tomado como rehén a Anton. Tuvo su lado "positivo", pues no encontraron nuestra unidad y por lo tanto no encontraron a Antón, ¿qué información guardaría como para que lo tomen como una ficha importante y pongan en peligro su propia nación por él?
Me estiré, pensando al respecto, lo mejor sería aumentar la guardia durante las noches y establecer turnos diferentes. Tendría que hablarlo con la junta de sargentos durante la tarde. Tomé unos shorts negros y un top deportivo mientras le daba vueltas al asunto, cuando caí en cuenta que hoy no entrenaría a solas, lo cual me puso de mal humor inmediatamente. No había cosa que anhelara más que estar conmigo misma y solucionar todo en mi cabeza antes de llevarlo a cabo.
Al acercarme a la entrada del gimnasio pude ver que Chalamet ya me estaba esperando ahí parado mirando hacia el bosque que se expandía alrededor del complejo.
―Buenos días ―susurré al llegar, sintiendo como unos nervios invadían mi cuerpo, sin saber qué esperar ni qué desear en ese momento.
―¿Tengo que hacer el saludo y toda esa cosa? ―respondió él de forma relajada, girando su mirada y poniéndola sobre mí, ocasionándome una sonrisa a la cual respondió suavizando aún más la expresión de su rostro, haciéndolo ver inocente. Vaya contraste con nuestra última conversación a solas
―No te acostumbres ―murmuré en respuesta.
―Muy tarde ―dijo sonriendo e iluminando nuevamente su rostro. Se acercó a mí sin dudar y dejó un beso en mi mejilla, tomándome por sorpresa y haciendo que memorizara la sensación de sus labios contra mi piel, así como el olor de su cuerpo, el cual percibí con su acercamiento―. Buenos días, Agnes.
―¿Listo? ―pregunté sin darle importancia a su acercamiento y a su repentina confianza al hablarme, pero siendo consciente del cambio abrupto de humor que me había generado y la diferencia en nuestra interacción.
―Sí, por favor ―respondió ansioso y dando brincos de un lado a otro.
Empezamos flexionando algunas partes de nuestros cuerpos y calentando, de un modo bastante calmado, con el fin de que su cuerpo vaya adaptándose poco a poco al movimiento y sin forzarlo ni exponerlo a una lesión. Era un buen aprendiz, seguía cada movimiento que proponía a la perfección. Tras esos ejercicios empezamos a trotar en un sendero que se abría paso desde el complejo hacia el bosque. Tras unos minutos de subida en uno de los montes, noté que necesitaba un respiro, quizá estaba siendo algo exigente, por lo que me detuve en el camino improvisado.
―Tomemos un descanso ―le dije, mientras me sentaba en un tronco caído que a veces usaba como asiento en caminatas o corridas y en el cual simplemente me dedicaba a pensar. No podía creer que estuviera compartiendo estos lugares, mis lugares con él, aunque él no tuviera idea de lo que significaba.
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Entre el fuego y la guerra ▪︎ T. Chalamet
FanfictionEn un mundo que vive en una guerra constante, ella comanda una de las más grandes fuerzas y busca encaminar a su Nación a la victoria absoluta. Él, por su parte, solo busca detener el innecesario derramamiento de sangre y encontrar paz para toda la...