Agnes
Las cosas estaban complicadas. Me citaron a un encuentro "diplomático" con el comandante de la Nación del Norte, probablemente para enfrentar una posible negociación que de seguro no nos beneficiaría en nada, para variar. No confiaba lo suficiente en él como para ir a solas, pero tampoco podía darme el lujo de solicitar a alguno de los cadetes o sargentos que me acompañaran interrumpiendo el entrenamiento cuando podríamos sufrir un ataque en cualquier momento, sobre todo estando tan cortos de personas después de la caída de la unidad Z-8.Después de la Guerra Química, donde se perdió alrededor del 70% de población al verterse químicos nocivos en los ríos, mares y tierras, las naciones habían pactado un acuerdo, "Los Acuerdos del 50", para evitar derramar sangre "en vano" y, dentro de estos acuerdos se encontraba el no irrumpir violentamente en algún campo de entrenamiento, pactar el momento de encuentro para el choque entre nuestros soldados y cosas como esas, pero a veces, incluso después de lo que le pasó a la Nación del Este tras tomar una decisión contra los acuerdos y con ello atacar sin pacto previo las unidades y comunidades de la Nación del Norte ocasionando así su propia desaparición militar y gubernamental, las Naciones seguían saliéndose de los lineamientos solapadamente sin llamar la atención de las instituciones de regulación. Tras la tragedia, la Nación del Sur y la del Oeste acogimos a los sobrevivientes, fue devastador teniendo en cuenta que las Naciones ya se hallaban empobrecidas y el alimento escaseaba en todas partes.
Me dirigí hacia el ala médica como cada tarde para despejarme un poco e intentar pintar con la congoja en mi pecho, presintiendo que algo realmente malo se acercaba y recordando lo sucedido con la Nación del Este. Actualmente solo quedaba la Nación del Sur, conformada por lo que se solía conocer como América Latina; la Nación de Norte, conformada por lo que era América del Norte y la Nación del Oeste que estaba conformada por lo que era anteriormente Asia y alrededores, el territorio que correspondía a Europa, y por ende a la Nación del Este, se abandonó tras ser bombardeado con químicos tras desacatar Los acuerdos del 50.En cuanto ingresé al ala médica pude ver a Antonieta conversando con Chalamet, inmediatamente la congoja fue reemplazada por la curiosidad y el fastidio, una rara combinación de sensaciones. Él le sonreía de una forma muy natural, había calidez en su mirar, todo lo opuesto a cuando me miraba a mí y todo lo que podía percibir era desprecio y supongo que con una justa razón. Reía por algo que ella le había dicho y desordenaba los rizos que rozaban su cuello mientras se sonrojaba. En otras circunstancias quizá me hubiera atraído, pero verlo me fastidiaba, me inquietaba, me dolía porque me recordaba a Paul Chalamet y Cara, era fácil ver rasgos de sus personalidades en él: su deseo de paz, buscar los medios para lograrlo, lo fácil que le era el agradarle a los demás, ver sus emociones a flor de piel, lo vivos que estaban antes de perderlos: podía verlo en su conversación con Antonieta, ella estaba encantada de poder hablar con él. Observarlos juntos era como percibir una burbuja diferente a nuestro mundo actual: uno en el que no había más muertes, ni odio, una en la que no éramos "zombies" y podíamos ser libres de sentir.
De pronto se me ocurrió: Chalamet aún no estaba en posición de sumarse al entrenamiento, así que, si él me acompañaba, nadie perdía el tiempo y nadie faltaba al entrenamiento. Aunque la idea no le fascinaría y, a decir verdad, a mí tampoco, pues incluso podía dudar de su lealtad. Pero había cosas más importantes que cómo me sintiera yo con la decisión o cómo se sintiera un muchacho que ni siquiera conocía la importancia de todo esto; incluso si me traicionara, no tendría problemas con una lucha cuerpo a cuerpo con él y enviarlo posteriormente a encerrar para siempre. No mentí cuando dije que no era de mis personas favoritas, tenerlo cerca me recordaba lo débil que fui cuando estuve con Cara, cuánto riesgo corrían las personas que me querían como Paul, era un recordatorio permanente de que el amor equivale a debilidad y yo fui débil, por eso los perdí. Sin embargo, era un recuerdo que podía y debía lidiar con mi presente por mi bien y por el bien de las personas a mi mando.
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Entre el fuego y la guerra ▪︎ T. Chalamet
FanfictionEn un mundo que vive en una guerra constante, ella comanda una de las más grandes fuerzas y busca encaminar a su Nación a la victoria absoluta. Él, por su parte, solo busca detener el innecesario derramamiento de sangre y encontrar paz para toda la...