XV. Intimidad

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Timothée

(El siguiente capítulo contiene escenas +18)

Tras el mensaje de la tarde, me dirigí a mi habitación a descansar las pocas horas que me quedaban libres antes de tener que cumplir el primer turno de guardia junto a nadie más y nada menos que Julián Miller. Aún me daba vueltas en la cabeza qué era lo que había pasado con Agnes hace unas horas y el papel de Julián en todo eso. Intentaba reconocer si estaba incómodo, decepcionado o qué era lo que sentía específicamente, pero no lo lograba y me agotaba esforzarme.

Por otro lado, me había resultado raro oír el mensaje que nos habían brindado hace una hora. Esperaba que nos dijeran algo más, como que deberíamos partir pronto o que estábamos cerca de un ataque, teniendo en cuenta el ataque a la unidad R-11. En cambio, solo recibimos órdenes para protegernos. Sabía que las decisiones las tomaba Agnes, y me sorprendía que no haya tomado una decisión más... amenazadora. ¿Dejaría de sorprenderme alguna vez?

Tras el descanso, me dirigí hacia la torre de vigilancia. Esta torre tenía lunas de vidrio cubriendo la estancia superior los 360° permitiendo una vista periférica del complejo y sus alrededores. Era una vista preciosa, y en otras ocasiones posiblemente hubiera podido ser una estancia que se disfrutara, pero estar aquí esperando ver si éramos o no atacados cambiaba todo el contexto.

Al llegar vi que ya me esperaban Julián y Sebastián. Nos saludamos en silencio con un asentamiento de miradas. Sebastián parecía ensimismado en sus pensamientos y se mostraba callado mirando hacia la ventana apretando sus labios en una línea recta. Por otro lado, Julián se encontraba viendo el cielo con el ceño fruncido como si estuviera esperando una respuesta de este. Los tres nos ubicamos en la alfombra de la estancia y nos mantuvimos en silencio por un momento, parecía ser que la noche sería sumamente larga.

―No espero que suceda nada fuera de lo normal, para ser sincero. Calentemos un poco la noche ―dijo Julián rompiendo el hielo y sacando una botella de ron del pequeño almacén que se encontraba en la torre y tomando un sorbo del pico de esta.

―Genial ―susurró Sebastián a mi lado saliendo de su trance, tomando la botella que le extendía Julián y bebiendo, para posteriormente pasarla a mí―. Supongo que no sería normal que ataquen un pueblo, a una unidad e inmediatamente ataquen a otra ―añadió, aludiendo al ataque de la unidad R-11. El rumor de lo que había pasado se había expandido por el comedor y ya todos sabíamos qué había sucedido, por lo que teníamos la idea de que pronto sucedería acá y todos estábamos alertas. No había razón para que la R-11 sea atacada, pero eso no le importó a nuestros enemigos y eso era la guerra al fin y al cabo.

―Ese no sería un movimiento muy sensato por parte de ellos ―respondió Julián encogiéndose de hombros―. Aunque no puedo negar que no están tomando decisiones sensatas en estos últimos meses. A veces parece que la única sensata es Agnes... ―sostuve la respiración por un momento al oír su nombre y atisbar el cariño y respeto que irradiaba Julián por ella en una simple frase intentando que nadie notara mi pequeña turbación.

―¿Cuánto tiempo lleva trabajando con ella, sargento Miller? ―inquirió Sebastián afortunadamente sin prestarme atención. Julián frunció el ceño buscando la respuesta en su cabeza.

―La conozco desde nuestra formación, allá cuando teníamos 10 años. Empezamos a trabajar juntos a los 18, hace 7 años aproximadamente ―respondió.

―¿Y siempre ha sido así? ―preguntó inclinándose adelante interesado en saber más. Julián rio.

―¿Así cómo?

―Así tan... ―se tomó unos segundos para encontrar la palabra adecuada― letal.

―¿Te parece? ―respondió Julián sonriendo con humor y negando con la cabeza, divertido, antes de volver a probar la bebida.

Entre el fuego y la guerra ▪︎ T. ChalametDonde viven las historias. Descúbrelo ahora