Epílogo

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KIM

Días después del partido, Liam me llamó desde la entrada de la casa para que bajara.

-¡Kim, baja, hay alguien que pregunta por ti!

Al llegar a su lado vi a un hombre que no conocía y a mi entrenador de fútbol detrás, este me sonrió emocionado.

-Verás Kim, pude ver cómo te movías en el partido el otro día, eres muy buena en el fútbol ¿lo sabías?- dijo el hombre cuando les dejamos pasar y nos sentamos en el sofá. Me encogí de hombros- He venido a proponerte algo.

-¿Cómo?

-Mira...Soy entrenador de un equipo femenino de fútbol, no es muy conocido, pero estamos buscando miembros y tú encajas con lo que queremos.

-¿Y eso dónde sería?

-En Suiza, Kim- intervino mi entrenador emocionado- En Berna, la capital.

-¿Un equipo suizo?

-Correcto- volvió a hablar el otro hombre- Estoy interesado en que te unas al equipo, y si te parece bien, puedes venirte en unas semanas conmigo a Suiza, puedes instalarte en una residencia con otras chicas del equipo que vienen de fuera. ¿Qué te parece?

-Bien, pero...

-Tienes unos días para pensarlo, no hace falta que respondas ahora, tranquila.

Acabé yéndome con aquel entrenador a Suiza, Liam me dijo que iría a visitarme algún verano y que me mandaría ropa y pertenencias, además de regalos, aunque yo le dijera que no hacía falta.

Así pasaron los años, yo seguía pensando en Mel, pero en vez de llorar me imaginaba qué estaría haciendo en alguna parte de Europa, siendo feliz, y acababa sonriendo yo también.


MELANIE

Tras unos años de esfuerzo, me acabé recuperando completamente. Y comprendí que había otros métodos para desahogarse en vez del que llevaba haciendo tanto tiempo.

Me metí en un piso de estudiantes en la universidad junto a dos personas más, por fin estudiaba lo que me gustaba.

Y no había vuelto a saber mucho de Kim, pero Cath venía a visitarme todos los veranos con su familia, y se había alegrado cuando le había dicho que había comenzado a hacer deporte.

Todo me iba bien y era feliz, por fin.


KIM

Dejé las pesas a un lado y cogí la mochila, estaba sudando después de tanto ejercicio. Solté un suspiro mientras terminaba de meter las cosas en la mochila.

Noté que me chocaba con alguien de repente y vi cómo caía al suelo lo que estaba sujetando.

-Mierda- me agaché- perdón.

Cogí varias cosas y levanté la cabeza, le ofrecí lo que había recogido a una cabellera rubia q hacía lo mismo que yo.

-No importa, tranquila, termino de cogerlo yo- reconocí esa voz.

-¿Mel?

Ella levantó la cabeza y ambas nos levantamos del suelo, la miré de arriba abajo, estaba distinta.

-Kim...

Nos miramos a los ojos unos segundos.

<<Sus preciosos ojos miel...>>

-¿Quieres...tomar algo y hablamos?- pregunté sin dejar de observarla.

-Oh...emm sí, claro...- dijo poniéndose roja.

Sonreí al recordar que se sonrojaba a cada rato.

***

-¡Mel, te olvidas la mochila!- grité.

Vino corriendo hacia mí.

-Ay perdón, qué despiste, es que llego tarde...

-Tranquila psicóloga, venga, a clase preciosa.

Me dio un beso y salió corriendo de nuevo hacia la universidad.

Sonreí al verla girarse.

-¡Te quiero Kim!- me reí.

-¡Y yo!- me sonrió y entró al edificio.

Comencé a caminar por la calle, en dirección a mi entrenamiento de fútbol, sonriendo.

Miré al cielo y recordé a mi madre, sonriendo.

Así terminó todo, ambas con sueños cumplidos, sin nada que nos cortara las alas para seguir volando, y ningún nido al que querer aferrarse porque nosotras éramos nuestro hogar, nuestra salvación.

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