Wanda había convertido el bar en un establecimiento que abría por las tardes, era mejor así y no madrugaba sacando cuentas luego de una noche exhaustiva. Posiblemente, el señor Fuller habría echado chispas, sobre todo porque el lugar estaba siendo amueblado y manejado por una mujer. Wanda entonces dijo: «Bien, que arda en el infierno y se retorciera cuanto quiera». Seguía satisfecha con su progreso, la gente podía seguir pensando lo que le venga en gana; pero a la hora enfrentarla, solían salir corriendo. Bien decía su padre que era una delicada flor, y que sin embargo, cuando quería, podía ser su peor pesadilla. Todavía lo recordaba con nostalgia, era difícil vivir sin él.
—Señor Howie, ¿Le parece si colocamos la vajilla en el mostrador? Es que aún no acaban de colocar el gabinete en la cocina. —se oyó la voz de Sharon jadeante entre ratos y como si estuviera apretando la mandíbula por esfuerzo. Cuando Wanda giró, la encontró cargando la pesada caja de la vajilla y a Howard estrechando los ojos en su dirección. A ese paso acabaría dándoles a las dos chicas que trabajaban allí, la impresión de ser un amargado. Pero Wanda sonrió contra todo pronóstico, notando lo divertido de la situación antes de ayudar a Sharon a moverse a la cocina, escuchando su entusiasta "gracias", para luego volver donde Howard.
El hombre seguía concentrado en el inventario, frunciendo el ceño y refunfuñando por que todo estuviese en orden.
—Con esa actitud, harás que todos renuncien— ella se colocó las manos en las caderas, chasqueó la lengua con un "tsk, tsk" y negó con la cabeza; suavemente—. Sonríe un poco, querido.
Los ojos oscuros y fulminantes de Howard, chocaron con los de ella; verdes intensos y brillantes por la burla implícita: era un amargado.
—Es culpa tuya que todos aquí me tengan que llamar por ese apodo tan ridículo. No encuentro ningún respeto por la autoridad, Wanda. En especial de esa muchacha. —señaló la dirección en la que Sharon había desaparecido, todavía con el cuerpo espasmódico por el enojo creciente.
—Te he llamado así por años y nunca te has quejado.
—Es distinto, ella no es mi amiga.
—Yo creo que es lindo—sonrió—. Anda, ya no pongas esa cara. Te verás como un anciano cascarrabias. ¿Sabes qué, Howard? Hoy es un buen día para ir de compras. ¿Qué opinas?
Él suspiró y giró el rostro para ver a través de la ventana, no estaba particularmente nublado; pero tampoco estaba demasiado soleado. Era un día templado, ideal para dar una caminata.
—Sí, no está mal. Dame unos minutos para terminar esto y podré llevarte.
— ¡Oh! No, no, no. No te molestes, querido. Puedo ir sola. Termina lo que estás haciendo, con calma.
—No es molestia, ya casi acabo.
—Howie, cielo, por favor. No soy una niña, quiero explorar un poco. —su amigo mostró un semblante preocupado ante su repentina, pero para nada extraña, determinación.
—Tu padre me pidió que tu cuidara, es lo que hago, es lo que siempre he hecho, Wanda.
—Lo sé, lo sé. Y te lo agradezco en el alma, por eso te daré un descanso.
—No tengo descansos, debo mantenerte a salvo.
— ¿A salvo de qué, Howard? No pasa nada, ¿Cuántas veces más debo decir que sé cuidarme sola? —suspiró exhausta—. A veces creo que papá y tú son muy parecidos; mi aprecio por ambos siempre será infinito, pero ninguno de los dos fue o ha sido capaz de confiar en mí.
—Él confiaba en ti, querida, de no ser así, ¿Crees por un segundo que te habría dejado todo esta carga pesada? Sabía que nadie más que tú podría manejarlo— se mostró culpable y tras apretar un poco el puente de su nariz, aliviando la tensión, le respondió—. Yo también confío en tí, Wanda. Bien, si lo que quieres es ir sola, ve. Pero evita los lugares muy retirados. —la señaló con advertencia en su tono y Wanda dio un salto en su lugar, mejorando su ánimo de manera notoria.
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AMERICAN DREAM
FanfictionCuando la ley migratoria toma por sorpresa a Natasha Romanoff, todo lo que puede hacer es contar las horas antes abandonar su minúsculo apartamento, el cual ocupa con su padre enfermo. Pero antes de partir debe despedirse de la única persona que la...