Steve tuvo que apartarse a la fuerza, guardar las distancias por al menos un minuto haría que su mente recupere el balance entre la serenidad y el raciocinio. Tenerla así de cerca era un privilegio; podía admirar su belleza pura, la tersa piel blanquecina e impoluta y ojos endemoniadamente cautivadores. Tuvo que morder su labio inferior para que la idea vaga de querer robarle aunque fuese un mínimo beso quedara en lo más profundo de su subconsciente. Ella exhaló el aire atrapado en su garganta; lento como la brisa cálida de verano que le acariciaba la base del cuello aún estando un par de centímetros más lejos.
Natasha lo observó con curiosidad, pero no de él, sino por su propia reacción. Algo indecente y para nada decorosa. Sus movimientos y la intención de estar junto a él en un modo que no era el habitual la hacía parecer fuera de sus cabales. Era pura atracción física y le daba miedo.
Lo vio retirar sus manos y ella volvió a aferrarse a la tela que la cubría.
—Debo vestirme...pero, si me necesitas...
—Sé donde queda tu habitación.
Eso sonó peor de lo que ella imaginó. Dentro de su cabeza, esa respuesta se transformaba en un escenario más íntimo de lo que hubiese querido. ¿Por qué? Si se negaba a la sola idea de estar a solas con él, en medio de la penumbra, con sus manos trazando cada rincón de su cuerpo. Era demasiado y le estaba llevando a su límite. Jadeó por lo bajo y rogaba porque no la escuchara, incluso sus mejillas se tiñeron de rojo por el bochorno. Pero...se había planteado como sería. A pesar de que Steve le dijo que no era necesario cumplir con esa parte, que no la obligaría a nada.
—Bien. Te dejo.
Natasha dejó el baño como alma que lleva el diablo; velóz y sin siquiera mirar atrás. Steve se quedó solo y aún así tuvo miedo de seguir desvistiéndose a pesar de que se sentía completamente desnudo como si ella hubiera quitado capa por capa con un solo pestañeo. Sus manos ardían por sentir más que solo tela y había una lucha entre lo que de un momento a otro querían su cuerpo y su mente. Se quitó los zapatos y se sentó sobre el pequeño asiento del tocador junto al lavamanos. Todavía tenía ganas de salir corriendo. Primero fue lo confuso de la charla con Margaret y luego Natasha. Se había dicho que no quería que ella supiera de sus problemas; pero era evidente que sus decisiones no tenían menor importancia. Ella lo había visto y él lo había minimizado como la nada misma cuando en realidad podía escuchar sus propios lamentos retumbar en sus oídos. Si cerraba los ojos parecía estar aún ahí.
Sam estaba por suturar la herida abierta con manos temblorosas; temiendo que se le perdiera el alfiler, tragaba pesado sintiendo el pánico de que alguien pudiese volver o recibirían un castigo peor que el anterior. El tiempo pasaba y ellos ni siquiera sabían la fecha exacta. Estaban agotados, casi sin fuerzas por toda la resistencia que los obligaban a usar bajo aquel subterráneo. Allí no había luz y mucho menos agua; tenían la comida en porciones pequeñas y a veces casi crudas. Ya se habían cansado de luchar y hubo un momento en el simplemente los sometieron, si obedecían era menos doloroso, pero generalmente los interrogaban cada tantos días y era Steve quien sufría la mayor parte de las consecuencias al ser el capitán. Lo habían apuñalado con una hoja de metal algo oxidada y su amigo tuvo que evitar que essta se infectara por completo.
Cuando el alfiler chocó la piel sin ningún tipo de anestesia, soltó un grito desgarrador. Ya no podía jugar a ser fuerte. Recordaba estar respirando a grandes bocanadas y como el dolor se concentraba en su cabeza, en su hombro y en el pecho. Bastó tan solo una pausa para que su mente se vaciara de toda sensación por un segundo y le diera el paso a una voz reconfortante, ligera y dulce, la cual reconoció como la voz de Natasha. Poder recordarla en medio de todo el desastre fue un soplo de paz que le devolvió la fuerza para mantenerse firme y con la intención de soportar solo un poco más y poder sobrevivir. Recordaba tranquilizarse de a poco.

ESTÁS LEYENDO
AMERICAN DREAM
Fiksi PenggemarCuando la ley migratoria toma por sorpresa a Natasha Romanoff, todo lo que puede hacer es contar las horas antes abandonar su minúsculo apartamento, el cual ocupa con su padre enfermo. Pero antes de partir debe despedirse de la única persona que la...