Para ser épocas de verano, Nueva York lucía un poco sombrío el día que una mujer de elegante porte y vestida con un traje blanco extendió su mano enguantada hacia su compañero para bajar del auto recién pulido; un caro Ford color negro del que jamás podría tomar el volante o no solo las ruedas terminarían deshechas.
Ella observó el panorama de grandes edificios con ojos curiosos y al girar hacia su acompañante desprendió una esplendorosa sonrisa de pura satisfacción.
—¿No es fantástico, Howard? Su arquitectura es maravillosa, mira nada más esos edificios. ¡No puedo esperar a ver el apartamento que reservé!
El hombre la observó compasivo pero no por ello menos contento, desde la pérdida del señor Maximoff, Wanda se había mantenido tan distraída que cualquier cosa que aliviara su pena para él era simplemente una idea magnífica. Aunque a veces se apresuraba.... Había decidido acompañarla. Lo habría hecho aún si le pedía ir a la China, porque era su más fiel amiga, su compañera y además trabajaba para ella velando por sus bienes; motivo por el cuál habían llegado hasta allí.
—Más despacio, Wanda, si te aventuras sola puede que pierdas el bolso. Vamos con calma.
—¡Oh, no seas aburrido, querido! Pensé que habías dejado ese humor en Chicago. Vamos a divertirnos un poco—lo sacudió de la chaqueta del traje, y él, rígido como siempre, apenas se movió; pero las comisuras de sus labios parecían querer tirar hacia arriba—. Anda, Howie, ¿Eres o no mi cómplice?
—Como tu amigo y asesor legal, te digo que antes de explorar podríamos revisar la propiedad que debes manejar ya que es una prioridad—Wanda uso ojos de cachorrito; verdes y relucientes al batir sus largas pestañas oscuras para convencerlo como usualmente hacía. Un truco sucio pero efectivo. —¡Ah, está bien! Pero con cuidado.
—Era lo que quería escuchar.—pellizcó la punta de su recortado bigote.
Ella tomó de la tela de la camisa que bordeaba su muñeca y tiró de esta mientras Howard Stark aseguraba el auto a cómo podía; guardando las llaves en el bolsillo y con la mirada fija en los tacones altos, blancos y pulcros de su amiga; esto con la finalidad de que no tropezara, Wanda tendía a ser despistada y nunca notar los baches; Nueva York era una jungla lleno de ellos, de todo tipo.
—¡Alto ahí!—la detuvo cuando ella pareció ir en dirección a una fila de militares; eran pocos, posiblemente unos siete o seis, habían dos mujeres junto a ellos y dos civiles. Todos de trajes negros a excepción de los soldados. Y aunque la situación parecía algo más privada y desafortunada, todavía no confiaba en los tipos que caminaban presuntuosos por la avenida, tenían la mala costumbre de besar a las señoritas sin su consentimiento.
—¿Por qué? Quiero saber de qué se trata—giró su vista al frente y alzó la mano—¡Oiga!
—Wanda—siseó con reproche—, no interfieras, están pasando por una mala situación.
Mientras su amigo la corregía, ella apenas pudo enfocar una última vez a uno de los soldados antes dirigirse en dirección contraria; alto, moreno y con unos interesantes ojos grises. Pronto se preguntaba cuál podría ser su nombre, parecía alguien importante y daba la casualidad de que también la había visto, lo supo por la forma en como persiguió el sonido de su voz con un ceño fruncido, como si la buscara. Ajustó el ala de su enorme sombrero y avanzó con el abogado en distinto camino.
Los hombres de traje y los civiles siguieron avanzando hasta llegar a un ala menos concurrida, desolada y poco agraciada del lugar donde Iván sería sepultado.
Natasha estaba sintiendo a su corazón hacerse cada vez más pequeño, se descomponía a cada paso y a pesar de tener a su lado tanto a James como a Steve, el vacío que tenía dentro no podía llenarse con nada por entonces.
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AMERICAN DREAM
Hayran KurguCuando la ley migratoria toma por sorpresa a Natasha Romanoff, todo lo que puede hacer es contar las horas antes abandonar su minúsculo apartamento, el cual ocupa con su padre enfermo. Pero antes de partir debe despedirse de la única persona que la...