Veinticuatro Parte II

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Howard subió las escaleras con mucho esfuerzo luego de quedarse en el primer piso durante una hora, analizando su última discusión con Wanda. Llegó a la conclusión de que necesitaba otro té para calmar sus nervios. Todavía no averiguaba que decirle con exactitud, estaba en el limbo, se sentía un desgraciado por dentro; tan débil desde la última mirada de decepción que le dirigió que tenía miedo de tocar la puerta de su habitación y el hecho de que lo mandara al diablo fuese lo menos doloroso.

Tragó el nudo en su garganta, armándose de valor para llamar. El nombre de la mujer salió tan suave como un susurro; pero en medio del silencio sepulcral que inundaba la casa, Howard se aturdió con su propia voz. Bajó la cabeza y aguardó tan solo cinco segundos, no escuchó pasos. Quizá ella no atendería.

Comenzó a sentir esa presión conocida sobre sus hombros y el ardor en sus ojos. Claro que se consideraba un culpable, pero no era su intención dañarla de ninguna manera.

Cuando estuvo a punto de dar la vuelta, ella abrió la puerta. Su mirada lucía apagada y sus labios fruncidos le daban a entender que seguía enfadada. Que estuviera ahí era una buena señal, después de todo; aunque no se sentía más aliviado.

—¿Podemos hablar?— pidió en una súplica.

—Recordaste tener modales, ¡Que dicha!

—Wanda...En serio, quiero disculparme contigo.

—Pudiste haber empezado por ahí y no acusarme directamente, ¿Sabes?

— Lo sé y estoy arrepentido de eso. ¿Me dejarías pasar y explicártelo?

—No.

—¡Seré tu esclavo por un mes!

—Tentador, pero eso no va a funcionar.

—¿Y si te lo pido por favor, de rodillas?— suplicó con ambas manos juntas y dándole su mejor expresión de cachorro malherido.

—¡No!

Wanda fue rápida y le cerró la puerta; dejándolo perplejo y frustrado. Sus párpados se juntaron y su ceño se frunció; manteniendo una expresión seria e imperturbable; relajando sus hombros lentamente.

Howard la oyó suspirar con fuerza del otro lado, pensó que tal vez insistir bajo esas circunstancias era demasiado para una sola noche. Ambos estaban tensos con la situación y era posible que el mal genio de Wanda saliera a relucir. Hace años no lo veía tomar control de ella, pero no quería que su temporada se extendiera

Se apresuró a bajar las escaleras sin siquiera mirar el rumbo de sus pisadas.

Un estruendo sacó a Wanda de su burbuja. Salió apresurada para encontrar a Sherry ayudando a Howard a levantarse. Él hizo una mueca de dolor y no pudo evitar preocuparse; los ojos casi se le salen de órbita y corrió para ayudarlo a colocarse en pie. Tomó su otro brazo y junto a Sherry lo ayudaron a sentarse en uno de los escalones.

La criada fue a por un vaso de agua y el botiquín de primeros auxilios. Howard giró su vista hacia Wanda con mucho cuidado, ahora lucía más molesta que antes y no parecía querer decir una sola palabra.

—No, gracias, Sherry— dijo Howard cuando tuvo el gesto de revisarlo—. Estoy bien.

—Pero señor, su brazo...

—Me quedaré con él. Si necesito algo, te llamaré.— interrumpió Wanda con una sonrisa amable.

Sherry desapareció en su habitación y Howard sintió un corto escalofrío.

—Te golpearía el otro brazo, ¿Sabes? Pero me das lástima.

—Claro, es que tenía toda la intención de rodar por las escaleras. — bromeó con toda la intensión de olvidar que ella estaba enfadada. Wanda negó en reproche.

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