Veinticinco

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Steve regresó sobre sus pasos con dirección a la cocina en busca de Natasha, quien había permanecido ahí; sentada y ajena al llamado del mensajero, observando el jarrón de flores ahora vacío. Él se hizo a la idea de que quizá ella tenía la intención de comprar algunas; Natasha amaba las flores, en especial las gardenias, las orquídeas y los tulipanes.

Sonrió al recordar su afición de pequeños y como ella solía decir que cuando creciera quería tener un jardín enorme... Nat tenía un especial cuidado con las plantas, al igual que su madre. Las adoraba. Eso lo hizo detenerse un minuto a pensar en su siguiente movimiento, pero antes necesitaba hablarle de algo importante.

Natasha se levantó sin apenas percatarse de la presencia de Steve hasta cuando él habló; logrando sobresaltarla.

—Nos llegó esto.— soltó él de repente. Natasha se llevó una mano al pecho y lo miró con el ceño fruncido.

—¿Correspondencia? Espero que no sea nada del servicio militar, es muy temprano para recibir malas noticias.

Steve rió por su perspectiva errónea, aunque tampoco estaba muy lejos de lo que dijo. No era como si estuviera entusiasmado por asistir, le gustaría haber dado una negativa sino fuera porque lo tomaron de sorpresa.

—Sí, es sobre el servicio militar. Pero antes de que te vuelvas paranoica, no. No es nada malo, ni nos citarán a una audiencia, ni quieren una sesión.

—¿Entonces?— lucía confundida.

—¿Recuerdas que María mencionó una ceremonia... de manera casual?

—Lo recuerdo—su voz cambió drásticamente su tono inocente por uno de desdén, sin poder evitarlo—¿Qué con eso?

— Júzgalo tú. —Steve le extendió el sobre y Natasha leyó el reverso.

— Aquí dice Capitán Steven G. Rogers— ella volvió a leer el contenido dentro del sobre—. Y es para mañana... Vaya.

—¿Qué opinas?

—Qué deberías ir. Es algo bueno, ¿Verdad?

—Dije que "Nos llegó". A ambos...

—Oh...

—Sí, oh...

—No lo sé, Steve— desvió la mirada y le devolvió el sobre sin mucho ánimo—, no tendría nada que ponerme y además son personas que no conozco y seguro estará repleto de mujeres fisgonas y estiradas y...— «Como la señorita Hill, y como Peggy...» pensó. Se calló al instante, olvidando que estaba a mitad de una respuesta.

—Siento que estoy escuchando hablar a Sharon— bromeó—. Para ser honesto, tampoco tengo muchos ánimos de ir. Sin embargo, las cosas cambian si aceptas mi invitación. ¿Qué dices? Te daré la razón en que esto es algo bueno.

Natasha recordó los hechos recientes.

Siendo más específica, Natasha recordó su plática la otra noche.

—¿Y si no les agrado? ¿Y si no encuentro algo de interés para decirles?

—Es imposible que les desagrades y, además, eres la mujer muy interesante e inteligente que conozco.

—Gracias, pero no. Lo dices para convencerme y porque soy tu mejor amiga y prometida— puntuó—.Ve tú, por favor. Steve, no creo que me sienta muy cómoda.

—Imposible, estaré contigo todo el tiempo. Y con suerte, James y Sam también. —Natasha rodó los ojos.

—Esa es una agradable oferta, pero...

—No sobre pienses las cosas, el noventa y nueve por ciento de las veces no sucede lo que crees. Lo he comprobado.

—¡Vaya, gracias! Eso sin duda me reconforta.

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