Veintidos

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Sharon había conocido a James hace casi cinco años cuando ella y Natasha trabajaban juntas en una ferretería cerca del centro de la ciudad. Recordaba que la primera vez que lo vio le pareció un completo payaso con sonrisa de seductor, iba detrás de Steve y se presentó quitándose el burdo sombrero marrón para inclinarse sobre el mostrador y tomar su mano; estrechándola con un apretón amistoso. Pronto descubrió que a él le encantaba jugar bromas y la necesidad de ella por reprochárselas con cierta diversión creó un puente entre ambos, una amistad que se sostenía con sarcasmos, anécdotas graciosas y una que otra plática con sentido.

Pero no fue hasta ese día que se sintió realmente agradecida de tenerlo en su vida. James era así, lograba hacer los días de todos un poco más ligeros, aunque por momentos él no sintiera que los suyos lo fuesen.

Al llegar, Sharon se sintió insegura de abrir la puerta. James nunca había ido a su casa, nunca lo invitó y no es como si hubiera tenido la oportunidad. Su vida era el trabajo, los pocos momentos que pasaban en grupo cuando él y Steve no estaban en el campamento, se reunían en la ferretería o en algún parque cercano; a veces solo cruzaban un par de palabras y eso era todo. Que de un momento a otro conociera su intimidad era extraño...

Él la miró, esperando a que se decidiera a entrar. Sharon no hizo más que revolver las llaves entre sus dedos temblorosos. Se trataba de sus padres, y esa parte de su vida era delicada.

—Oye...sé que no estás acostumbrado a estas cosas...tu vida ahora es muy diferente y, como sabes, soy el único sustento de mis padres—murmuró entre balbuceos, intentando explicarse, tomando aire—; yo nunca he dejado que otra persona, además de Natasha, conociera esta realidad. No tan de cerca. Si Margaret lo hace es porque, por desgracia, somos familia. Jamás les pedí ayuda y ellos tampoco la han ofrecido, siempre he sido solo yo para ellos. No quisiera que mal interpretaran las cosas o comprometerte con esto.

— ¿De qué manera me comprometerías?— James entendía su punto muy bien, pero no era el tipo de persona que se sentaba a juzgar a otras; mucho menos de aquellas que se burlaban de los problemas de otros. Y Sharon era su amiga, en cierto modo, si estaba en sus manos ayudarle, lo haría sin problema—. Cárter, hay muchas cosas que no sabes sobre mí; la primera y más importante es que estoy muy orgulloso de mi origen. Así que créeme cuando te digo que en verdad te comprendo. No creas que voy a salir huyendo

—Bien—ella cerró sus ojos, asintiendo despacio mientras asimilaba el hecho de que Barnes estaba atravesando su privacidad sin piedad—, aquí vamos.

Ella abrió la puerta despacio, lo suficiente como para asomar su cabeza y percatarse de que todo estuviese en orden antes de pasar y hacerle una señal a James para que la acompañara. Comenzó a caminar justo delante de él, conduciéndolo hasta la habitación de sus padres.

Así, Bucky tuvo tiempo de observar a gusto. Ya había estado en casa de Natasha antes; pero el pequeño apartamento era diferente a la casa de los Cárter. Se notaba que Sharon quería hacer lo posible por mantener un hogar estable, sin embargo el descuido era evidente y lo sentía por ella; trabajando tantas horas al día apenas y tenía tiempo de llegar a dormir. El sofá era lo único que se veía intacto y había una manta al final de este; se extrañó un momento por eso y luego miró a la rubia delante. Pensó que muchas veces las personas no pedían ayuda porque se avergonzaban de su propia condición, pero ella no lo hacía porque no quería decepcionarlos; turnos dobles, días sin dormir bien, cada centavo de sus propinas contaba, siempre con una sonrisa para ofrecer aunque el mundo se le estuviera cayendo a pedazos.

Había conocido a personas fuertes, pero mujeres solo cuatro en especial; su madre, la de Steve, Natasha y ahora ella. Sentía profundo respeto.

—Mamá—llamó ella desde la puerta de la habitación; era estrecha y estaba iluminada por una sola vela—, lamento haber tardado, tuve que buscar otra farmacia porque no tenían el medicamento en la primera. ¿Cómo está papá?

AMERICAN DREAMDonde viven las historias. Descúbrelo ahora