Capítulo I

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"El amor de los jóvenes no está en el corazón, sino en los ojos."
William Shakespeare.
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20 de marzo, 1985.
Inicio de la primavera en New spring.

—"Queridos habitantes de New Spring, les deseamos a todos un hermoso día y le damos la grata bienvenida a la llegada de este nuevo semestre en nuestro condado. Esperamos atentamente que hayan disfrutado de sus vacaciones de invierno junto a sus familias de manera hermosa y cálida."

«Y, claro, le mandamos a nuestros estudiantes del último año, promoción 1985, un gran abrazo. ¡Cada vez queda menos, chicos! Ahora Charlotte vendrá con el boletín especial...»

La radio fue cambiada de golpe, buscando otra transmisora para ambientar el viaje.

El clima en aquel remoto condado escondido a las afueras de las grandes ciudades era agradable. La nieve, la cual había pavimentado los largos caminos por meses, comenzaba lentamente a derretirse en la acera ante la llegada de la nueva estación.

Después de los meses de frío invierno, las aves comenzaban a cantar otra vez mientras el sol salía radiante por la montaña. Los rayos calentaban los cuerpos abrigados de aquellos madrugadores.

Las calles volvían a ser frecuentadas por las personas, las carreteras se llenaron otra vez de autos y los estudiantes se hacían presentes después de las anheladas vacaciones de invierno, que hoy, llegaron a su fin. Dándole la bienvenida a el nuevo semestre escolar.

Y para algunos: el último.

Adolescentes se veían por cada lugar, abrazándose entre ellos, caminando juntos y, si tomabas suficiente atención, podías escuchar las risas llenas de ilusiones de aquellos jóvenes de último año, emocionados por la invisible cuenta regresiva de la proclamada adultez.

Esa era la vista que tenía ella.

Era la escena que presenciaba desde la ventana del gran auto mientras este se dirigía a su destino.

—Rosemary. —la chica despegó la vista de la ventana y giró la cabeza hacia su madre, la cual la llamaba con cariño.

La mujer, de unos cuarenta y cinco años, que en su rostro no se notaban los años que su corazón había vivido, la llamaba de la misma forma de siempre: con ese cariño que tanto la representaba.

—¿Sí, madre? —ella respondió mientras la miraba.

—Tu padre y yo queremos desearle a los dos... —su madre miro hacia el otro extremo del auto, donde su hermano yacía sentado, más bien echado en la silla, con los ojos cerrados y los auriculares a todo volumen.

Quería reír ante la expresión cansada de su madre, pero esta ya había soportado mucho el rebelde comportamiento de su hermano: William y deseaba que tuviera un descanso de él.

Alargó su mano hasta tomar con ella el auricular derecho de su hermano y tirarlo, despertándolo de golpe por el impacto del auricular chocando con su cabeza cuando lo soltó.

—¡Pequeña mier...! —le gritó él y ella giró su cabeza hacia su madre antes de que él pudiera terminar su oración. William al instante selló sus labios ante la expresión terrorífica que su madre le daba.

—¡William! —gritó la adulta en medio de un jadeo horrorizado por las palabras tan vulgares del joven—. ¡Compórtate con tu hermana mayor! ¡¿Qué clase de vocabulario es ese?! ¡¿A eso vas a la escuela?!

Rosé aguantó la carcajada en su garganta y esquivó la mirada de odio de su hermano.

—¡Pero, madre, Rosé es mayor por dos minutos! ¡No es justo! —William alegó.

Juventud En Primavera Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora