"Incluso antes de que tú llegaras, yo ya vivía enamorada* de ti, y a veces, no pocas, ya te extrañaba como si supiera que me hacías falta."
Julio Cortázar
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1 de mayo, 1985
William no podía cree que se encontraba en la maldita comisaria.
Nunca se imaginó a si mismo allí, nunca se imaginó estar dentro de esta y mucho menos estar pagando una puta fianza para sacar a su hermana y Leanne de una celda donde un par de borrachos se encontraban tirados en el suelo, casi en coma etílico.
No lograba verlas porque una pared tapaba esa parte de la amplia celda, pero si a los hombres y agradecía que estuvieran lejos de ellas. Suspiró, llenando sus pulmones con el oxígeno pesado y desagradable de aquel lugar, y se encaminó hacia la mesa principal.
Un policía se encontraba bebiendo una taza de café negro, casi quedándose dormida y apestando a cigarro y fritura. William pensó en lo jodido que debía estar New Spring si estos eran los policías que debían cuidarlos.
—Hola, buenas noches. —carraspeó para despertar al hombre.
—Sí, buenas noches —él bostezó y William quiso meterle un maldito cepillo de dientes en la boca— ¿En qué puedo ayudarle, joven?
—Vengo a pagar una fianza, en realidad dos fianzas. —se corrigió al recordar que Leanne estaba con su hermana.
Maldición, William apostaba su culo a que, si las dos se encontraban en esa situación, fue por una idea loca de su hermana. Leanne no sería capaz de cometer algún crimen, la chica se veía muy tranquila, pero eso cambiaba cuando estaba con Rosé. Pensó que, de alguna manera, las dos se complementaban.
Leanne era la calma que Rosé anhelaba sentir y Rosé era el caos que Leanne necesitaba vivir.
—¿De quienes quie...? —el hombre se calló cuando la puerta detrás de William fue abierta y una voz femenina comenzó a hacer eco en la sala.
William se giró hacia la puerta al escuchar el estruendo y bullicio. Al darse la vuelta por completo sus ojos se abrieron, su boca cayó al reconocer a la mujer y al chico que entraban esposados por dos policías.
—¡Te duije qu mo estuy borra... —la chica eructó mientras se tambaleaba en los brazos del policía y arrastraba sus palabras, sin lograr decir algo coherente o bien dicho—...cha, estimpido oremgutag! ¡Omye, ño enpojes a mi-mi amegu así, pene pequeño! —bramó, rabiosa.
A William le sorprendió que lo único que ella lograra decir bien, modulando a la perfección fuera «pene pequeño» pero, siendo sincero, no esperaba menos de ella. Debido a los gritos de la chica los policías se detuvieron para tratar de callarla.
—¡Por la mierda, Lynn, solo cállate! ¡Por dios, cállate y no nos metas en más jodidos problemas de los que ya estamos! —el bajito que la acompañaba le golpeó el hombro a la castaña con el suyo.
Lynn miró al chico a su lado, sorprendida, su labio tembló y ella comenzó a llorar con fuerza, sollozando e hice ando en el proceso, logrando que su acompañante se arrepintiera de gritarle.
—¡Yam ño megh quires, Artmh Heys! —Lynn lloró, asustando a Arti y William estaría seguro de que si el chico no estuviera esposado la abrazaría.
—N-No llores, Lynn ¡que me da penita! —los ojos de Arti se llenaron de lágrimas y su labio tembló antes de alejarse del policía y pegar su cuerpo al de Lynn, posando su cabeza en el hombro de la chica— ¡Perdóname, amiga l-linda!
William estaba estupefacto mientras veía a Lynn y Art esposados, llorando y pegados como imanes. Aunque si esperaba que Lynn se encontrara borracha debido a todo lo que bebió a escondidas en el baile, pero no que Art también estuviera levemente ebrio. Parpadeó seguido para asegurarse de lo que estaba viendo era real y se pellizcó el brazo para cerciorar de que tampoco era un sueño o alucinación.
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Juventud En Primavera
Fiksi Umum«¿Crees que el amor tenga límites?» El polvo cayó cuando la puerta fue abierta y el lugar fue limpiado del pasar de los años, despojándolo de este. Y, solo cuando estuvo completamente limpio, aquel baúl, escondido en el entre techo, se mostró. "La c...
