Capítulo 0

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"Su expresión y su sonrisa llenaron de placer lo más mínimo de mi corazón."
Charlotte Brönte.
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1 de noviembre, 1984.
New Spring.

Calles oscuras y vacías. Silencio prolongado en cada lugar. Adornos colgados en cada esquina. Recuerdos tapizados en la acera. Dulces tirados en esta. Papel higiénico adornando los árboles. Casas llenas de huevos en sus paredes y ventanas.

Adolescentes emborrachándose de manera ilegal en una fiesta clandestina, aprovechando la ausencia de los adultos mientras estos disfrutan de sus sofisticadas fiestas en las residencias más lujosas del condado.

Contraste de prioridades, posiciones sociales y visión de vida.

Las cantinas de mala clase y los pequeños almacenes aprovechan el descanso que la policía y, en secreto vendían alcohol y cigarrillos a adolescentes con identificaciones falsas y mal hechas.

Cada casa del lugar está viviendo una escena distinta. Algunos se emborrachan, otros tienen sexo en algún lugar donde nadie los pueda ver, pero al final todos terminan haciendo.

Y otros aprovechan para buscar contactos, amistades, alianzas, favores y estatus.

Eso es lo que sucede cada año en New Spring en la noche de Halloween.

De estas fechas solo nacen dos cosas: alianzas o bebés.

Claro que eso era algo que ella sabía, y lo aprovecharía al máximo. La ausencia del mundo en las calles heladas era un paraíso.

Desde que cortó su disfraz de marquesa victoriana, hecho a mano, y se escapó de su infernal mansión lo supo; fue la mejor decisión que pudo haber tomado.

«El silencio es sinónimo de libertad.»

Caminó por las calles oscuras y heladas en completa soledad. Corrió, bailó y se acostó en medio de las carreteras sin miedo a ser arrollada por algún vehículo.

Probablemente ya habían notado su ausencia, en medio del intento forzado de aparentar una familia funcional y perfecta, las empleadas debieron dar vuelta la mansión en busca de ella.

Se imaginaba a su padre en medio de una crisis nerviosa por su rebeldía y eso la hace reír mientras lleva la botella de cerveza barata a su boca.

Porque, claramente, ella también aprovecharía la ocasión para comprar alcohol con la pequeña libertad social que se prolongó en el condado.

Pensó en ir a una fiesta clandestina de algunos universitarios, pero ¿para qué mierda lo haría? En ese minuto estar acompañada era algo que le generaba un extraño dolor de cabeza.

Bueno, eso era lo que ella pensaba hasta ese momento. Hasta que ella apareció.

Caminó por minutos, mareada y sin darse cuenta, llegó al viejo puente del condado. Miró la calle y el puente, estaba bastante lejos de su casa.

Giró su cabeza para ver el camino que había recorrido de manera casi automática, pensando en que borracha el tiempo corría distinto, y después volvió a ver su posición actual.

El puente frente a ella daba a la conexión con las grandes ciudades del país. Cruzándolo podías fanfarronear que saliste de New Spring, aunque fuese por dos segundo, y pisaste una gran ciudad.

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