"Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo"
Mario Benedetti
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02 de junio, 1985
El mundo se le vino encima con una simple palabra: matrimonio.
Había salido de su cuarto pensando que esa noche iba a ser una normal, una común como cualquier otra. Una simple cena con la familia Huffman que se usaría como pretexto para hablar de trabajo y hacer que todos en la mesa se sintieras asfixiados por la conversaciones que solo los dos hombres llevarían, pero no fue así.
Ahora mismo estaba comiéndose la puta cabeza por culpa de esa palabra. No, es más que una palabra. Era su maldita sentencia de muerte. Su mayor miedo se hizo realidad. El matrimonio arreglado no debería ser algo ajeno a él, puesto que por generaciones los Hamilton se habían casado en matrimonios arreglados por el bien del legado. No debería ser extraño que esto le estuviera sucediendo.
Era la tradición para los hombres Hamilton desposar a una mujer ideal. Desde el inicio ese había sido su destino. Entonces, ¿por qué sentía que el mundo se estaba acabando para él? Se suponía que debía aceptar con responsabilidad y obediencia, pero William deseaba hacer todo menos eso en ese instante. Su mundo se había reducido a una palabra y todo él entró en un completo caos.
Su mayor miedo era casarse y ahora estaba frente a la inminente posibilidad de desposar a Daphne Huffman como su esposa. Su padre no había preguntado cuando le dijo que se casaría con la chica, se lo estaba informando. Declaró con total seguridad su propio matrimonio que William dudó si realmente era suyo o de alguien más porque no parecía para nada propio.
La sola idea de casarse sonaba como una tortura, pero ¿casarse con alguien por obligación? ¿Por cumplir con lo que se espera de él? Sonaba al puto infierno. Pensó que todo estaba calmado para él a pesar de que su padre había llegado a la mansión. No le había reclamado por dejar el futbol americano ni por separarse de quienes eran sus amigos. Su hermana había sido la única afectada.
Ahora entendía por qué fue de esa forma. Un castigo mil veces peor caería sobre él. charles le tenía planeado algo especial para que lo recibiera con una sonrisa en sus labios y sumisión en su postura. William en ese momento tenía miedo de que todo lo bueno que estaba viviendo desapareciera. Que la felicidad que estaba sintiendo se esfumara, de que la realidad aplastara sus sueños.
Se encontraba afligido mirando la carne en el plato, pensando y comiéndose la cabeza hasta que se dio recordó dónde se encontraba y que no estaba solo. La familia Hamilton y la familia Huffman se encontraban sentadas en la enorme mesa. A su lado se encontraba su madre, quien conversaba animadamente con la mamá de Daphne y a su otro extremo estaba Rosé, quien lo miraba a él con una expresión notablemente preocupada y algo asustada. William la observó por unos segundos, pero no supo qué expresión esbozar.
Se encontraba completamente en blanco, absorto al golpeteo de la repetición de la palabra matrimonio en su mente. Llevó sus ojos hacia Daphne y la vio con una mirada perdida en su plato, moviendo la comida con el tenedor, más sin llevarse ni un solo bocado a la boca. Parecía igual o peor que él en ese momento. Al ver como la chica que normalmente desbordaba vida parecía tan apagada se dio cuenta de que debía hacer algo no solo por él, sino que por ella también.
—Esperaremos a que mi Daphne cumpla la mayoría de edad para realizar la boda —entonó el señor Huffman con una voz animada, denotando lo feliz que se encontraba por el matrimonio arreglado.
¿Cómo lo iba a estar? Miles de familias del condado matarían por estar en su posición y poder unirse a los Hamilton, poder casar a sus hijas con el único hijo de Charles Hamilton; el magnate de los negocios de New Spring y el país. Estaba más que claro que el hombre se encontraría desbordando regocijo al ver elegido. Aquello le causaba asco a William, pensar en que el señor Huffman se encontraba tan feliz por vender a su propia hija a un matrimonio no consensuado por ella con tal de establecerse en la sociedad.
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Juventud En Primavera
General Fiction«¿Crees que el amor tenga límites?» El polvo cayó cuando la puerta fue abierta y el lugar fue limpiado del pasar de los años, despojándolo de este. Y, solo cuando estuvo completamente limpio, aquel baúl, escondido en el entre techo, se mostró. "La c...
