Capítulo XLII

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"Ni el amor es una jaula, ni la libertad es estar solo. El amor es la libertad de volar acompañado, es dejar ser sin poseer"
Gabriel García Marquéz
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15 de mayo, 1985

Para Rosé había sido difícil llevar la semana. Recuerda claramente que su padre le había prohibido ver a sus amigos y únicamente porque quería que las cosas se mantuvieran en paz optó por acatar la orden. Le daría una falsa sensación de control a Charles antes de que se fuera otra vez. Después de su partida todo volvería a la normalidad. Por ello ahora estaba sola en la escuela en los recesos o el almuerzo.

Su padre tenía ojos en todos lados, estaba más que segura de eso. La sensación de ser observada en los tiempos libres se le hacía tan familiar. No era la primera vez que sabía que había personas siguiéndola, Charles ya había hecho muchas veces esta jugada antes. Cuando el estaba en el condado Rosé sentía que todos la miraban, buscando algún error en su comportamiento para ir a avisarle al hombre. Su padre era una persona que le gustaba mantener el control cuando estaba en un lugar y eso incluía el control de absolutamente todos, hasta de las personas.

Como él había ordenado Rosé se alejó de Lynn, Arti y Leanne en la escuela. Cuando tenían clases juntos la pelirrubia se sentaba lejos de ellos y ahora pasaba todos los recesos sola en la biblioteca. No había uno en el que pudiera si quiera mirar a sus amigos o novia, los ojos en ella estaban puestos como cámaras de vigilancia. Solo cuando pedía permiso para ir al baño lograba escabullirse hasta la sala del club en donde Leanne se encontraba. Estaban juntas unos minutos, hablaban de su día y de lo difícil que era para la pelirrubia estar lejos de ella, hasta que debían volver a clases.

Se daban un beso antes de salir de la sala, cada una haciéndolo a destiempo y mirando cautelosamente el pasillo para que nadie las viera. Era la unica forma en la que podía estar al lado de la otra sin que nadie las vieras y fuera a avisarle a Charles. Rosé no era una persona muy obediente, pero si esa era la única forma de poder ver a su novio, aunque fuese por unos escasos minutos en el día, era capaz de soportarlo.

Su padre le había preguntado hace unos días por qué no se juntaba con sus examigos como él le había ordenado. Ella no dudó, ni siquiera temió cuando respondió, solo dijo. —Prefiero estar sola antes de volver a ser amiga de ellos, padre. —entonó con seguridad y convicción, dejando en claro de que ella no retrocedería a su palabra.

Charles simplemente sonrió, dándose la vuelta y lanzando le una mirada retadora como si con esta estuviera diciéndole que deseaba ver cuanto podía aguantar sin cumplir su palabra. Sobrestimaba su fuerza de voluntad para mantener su palabra. Creía que ella retrocedería a esta al ver sola, pero Rosé estaba clara y mentalizada en lo que haría, y dentro de esos planes no estaba alejarse de quienes había escogido voluntariamente como sus amigos.

Su rutina era prácticamente la de un militar: ir a la escuela, regresar y hacer las tareas antes de ir a dormirse temprano. Su castigo no la dejaba ver a su novia ni a su hermano, debía pasar todo el día encerrada en su cuarto hasta que llegara la hora de dormir que normalmente era poco después del atardecer. En sí, en todo su día no interactuaba más que con Leanne a escondidas durante unas horas antes de tener que despedirse para no ser descubiertas.

Rosé esperaba a que se hiciera muy de noche para salir de su cuarto e ir al de su novia para estar un tiempo a su lado, dormir unas horas juntas, para luego salir con el mismo sigilo con el que entró y volver a su habitación para esperar despierta el amanecer. Así se repetía la rutina por los días, unos siendo la pelirrubia la que escapaba o en otros siendo la castaña la que lo hacía. Era más seguro estar en la mansión viéndose a escondidas que en la escuela.

Lo único que la animaba a ir a la escuela sola era los minutos que tenía en su vehículo, conduciendo con las ventanas abiertas y la música a todo volumen. Aunque la animaba era un trago agridulce porque ella pensaba en que ese momento en el que se divirtió andando en su automóvil pudo ser mucho mejor si Leanne hubiera estado a su lado. Rosé realmente entendió en esos momentos que todo al lado de la castaña era mucho más brillante y feliz.

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