"Sabes que estas enamorada cuando no quieres acostarte porque la realidad es por fin mejor que tus sueños"
Dr. Seuss
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20 de mayo, 1985
Sus mejillas se sonrojaron en cuanto Rosé le lanzó una mirada mientras comían el desayuno en silencio. La mirada cómplice de la pelirrubia le gritaba que esta deseaba tener un momento a solas para besarla, la conocía tan bien que eso bastaba para leerle las intenciones.
Eso era normal entre ellas, siempre que tenían oportunidad se besaban y como no durmieron juntas esa noche no pudieron darse su beso de buenos días. Si rosé le estuviera lanzado esa mirada ayer, Leanne solo habrían sonreído cómplice, pero ahora su reacción era completamente distinta.
Los nervios burbujearon en su sangre, temblaba ante el destello que subía por su columna, el calor hirvió su cuerpo y su rostro se sonrojó por culpa de las sensaciones que experimentaba. Su cuerpo revivía el sueño en cuanto Rosé la miraba.
No, mentira; su sueño parmanceía constante en su mente, pasando una y otra y otra vez frente a sus ojos. Casi como una tortura, recordaba todo tan a la perfección que le costaba diferenciar la realidad de la fantasía creada por sus deseos y Rosé no ayudaba a Leanne en tratar de evadir lo que sucedió.
La miraba de la misma forma y Leanne solo podía recordar a la pelirrubia de su sueño. No lograba sostener la mirada, era muy obvia en sus reacciones corporales y su sonrojo la delataba. Mordía su labio fuerte y bajaba la mirada, tratando de escapar de los profundos ojos de Rosé. Era como si la desnudara con solo su mirada.
Sus piernas temblaban, tragaba como podía y apretaba los muslos bajo la mesa. Iba y venía a la realidad mil veces en su segundo. Quedaba atrapada en las sensaciones tan reales que sintió dentro del sueño y al despertaba. Era como si s estuviera quemando por dentro, los nervios mezclados con la vergüenza y deseo atacaban su sistema.
Lo más jodido era que a Rosé parecía encantarle causar eso en ella, esas reacciones llenas de nerviosismo y timidez, aunque la pelirrubia no sabía la razón detrás de cada una. Eso le daba tanta vergüenza a Leanne. Un deseo nació anoche, uno que se instaló en su sistema con fuerza, sin dejarla escapar de este.
Tuvo un sueño húmedo con Rosé como protagonista. Leanne jamás había tenido uno, era nuevo para ella experimentar este aumento tan drástico de hambre y necesidad que corría como pólvora por su sangre. Era la primera vez que sentía todo eso por alguien, la primera vez que deseaba sentir la piel de otra persona en la suya y fundirse en una sola.
Dios, Rosé era la primera vez de Leanne en tantos sentidos.
¿Cómo puede ocultar lo que siente ahora? Todo cambió tan de golpe o, mejor ocho, se intensificó porque la castaña ya sentía ese deseo desde antes solo que no le prestó atención o trató de ignorar por lo nuevo que era, pero ahora era imposible de lograrlo.
—Jóvenes, ¿terminaron su desayuno? El vehículo está listo para llevarlos a la escuela. —Henry informó desde la puerta, sacando a Leanne de su mente, trayéndola de golpe a la realidad.
Se giraron los tres, William también estaba allí. El chico ya podía ir a la escuela y aunque Sophia le pidió que siguiera faltando hasta mejorar, él no quiso hacerlo. Se sentía ahogado en la casa, sobre todo co la atención constante de su madre. Era extraño tenerla tan presente y le dolía sentirlo. Le escocía en el pecho sentir más comodidad con la lejanía que cercanía de su madre.
Aun así, se lo tragó y aceptó dicha atención hasta ahora. Solo quería salir de la mansión y respirar un poco lejos de todo. Las cosas cambiaron en su vida en un solo día. Ahora Rosé sabía todo lo que escondió por años y no sabía como procesar eso. Era liberador ya no cargar con ese peso en sus hombros, pero al mismo tiempo sentía que se falló a no poder soportarlo solo.
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Juventud En Primavera
Ficción General«¿Crees que el amor tenga límites?» El polvo cayó cuando la puerta fue abierta y el lugar fue limpiado del pasar de los años, despojándolo de este. Y, solo cuando estuvo completamente limpio, aquel baúl, escondido en el entre techo, se mostró. "La c...
