"Dame la mano y danzaremos; dame la mano y me amarás. Como una sola flor seremos, como una flor y nada más. El mismo verso cantaremos, al mismo paso bailarás"
Gabriela Mistral
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1 de octubre, 1984
Después de la noche de Halloween
Las cervezas ya habían hecho efecto en su cuerpo, sus parpados pesaban y su sistema se estaba apagando lentamente mientras el cansancio tiraba de ella con fuerza. Aun luchando contra el inminente sueño que la tomaría, siguió hablando con la chica a su lado.
No pensó que su noche terminaría de esta forma; con una castaña desconocida, en el lugar donde no había llevado a nadie antes.
No era broma cuando dijeron que las cosas pueden cambiar en menos de un segundo. Así lo sintió cuando la vio en ese puente, sentada con suma tranquilidad en el barandal.
Aún se preguntaba si la chica estaba consciente de que estaba sentada, media ebria, en un puente. Es decir, si hubiese caído al rio, ella no hubiera sobrevivido. El rio tiene una corriente de por sí bastante fuerte y lo es mucho más en estas fechas.
Es la razón por la cual la gente va allí para acabar con su vida, el solo golpe del agua en una persona es más que suficiente para aturdirla.
La chica a su lado parecía llevar en su espalda una carga enorme, más grande de lo que ella le mostró hace unos momentos y, alguna razón, la carga que ella llevaba en sus propios hombros pareció alivianarse al lado de la castaña.
Fue el lapsus de alivio que ella buscaba esa noche.
Cuando escapó de su casa, después de mentirle a Michael para huir al baño y luego escapar por la puerta trasera, esperaba encontrar esa tranquilidad en las solitarias y silenciosas calles de New Spring.
Estaba cansada de escuchar su apellido siendo nombrado por todos en la fiesta. Le recordaba, constantemente, quien era ella y cual era su misión esa noche: ser un adorno para su padre.
Eso era lo que sintió toda la noche, que no era más que un objeto que usaban para beneficios personales.
Lamentaba no haberle avisado a William de su fuga, estaba segura de que el chico estaría igual que ella y querría escapar sin dudarlo.
Mientras ella se escapaba, logró ver a William rodeado de hombres que le doblaban la edad, hasta la triplicaban.
Lo más probable es que su hermano estaba aburrido de repetirle a cada persona que se le acercaba sus logros estudiantiles y deportivos.
Como su padre le había dicho, William estaba repitiendo cada palabra que ordenó Charles.
A veces ella se preguntaba si su padre los veía como simples herramientas para su beneficio personal, aunque no lo dijera en voz alta, lo pensaba seguido.
Ella estaba segura de que cuando volviera a la mansión, su padre no le hablaría por varios días, mostrando su molestia con frialdad, ignorándola, como si ella no existiera.
Quizás en el pasado aquella indiferencia le habría dolido, tanto como para correr a la habitación de William y llorar en sus brazos, como lo hizo desde pequeña, pero ella ya se había acostumbrado.
A veces se preguntaba si su padre amaba lo que ella era o lo que quería que fuera.
Trató de sacar de su mente los pensamientos que la atacaban, más cuando la voz de la desconocida a su lado se hizo presente. Ella ya no estaba en la mansión, estaba al lado de una castaña, tomando una cerveza que su padre odiaría y siendo ella misma.
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Juventud En Primavera
General Fiction«¿Crees que el amor tenga límites?» El polvo cayó cuando la puerta fue abierta y el lugar fue limpiado del pasar de los años, despojándolo de este. Y, solo cuando estuvo completamente limpio, aquel baúl, escondido en el entre techo, se mostró. "La c...
