"El amor es invisible y entra y sale por donde quiere sin que nadie le pida cuenta de sus hechos"
Miguel Cervantes
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31 de marzo, 1985
Leanne podía decir que era buena en muchas áreas de la escuela. Como por ejemplo: el arte, la historia y, sobre todo, la literatura. Esas asignaturas eran su fuerte, sin dudarlo. Se denominaba, libremente, a sí misma como una estudiante más especializada en las humanidades.
A pesar de ello, las otras materias no le generaban mayor dificultad y en cada año siempre las aprobaba con buenas calificaciones. Pero, esta vez, se vio a si misma reprobando matemáticas de una manera inminente.
—Espera, Rosé, aguarda un segundo. ¿Cómo llegaste a ese resultado? —Leanne murmuró, aturdida por tanta información— ¿Por qué hay una raíz cuadrada ahí si solo era una ecuación en tercer grado hace un segundo? —expresó.
Se sentía mareada, su cabeza daba vueltas por los giros inesperados en el ejercicio y no lo lograba entender, aunque lo intentara, y eso la frustraba de sobremanera. El no entender rápido algo, que se veía tan fácil para otros, la hacía sentir frustrada de su propia inteligencia.
Eso no pasó desapercibido por Rosé, quien había estado más de una hora enseñándole a Leanne matemáticas para su examen del lunes.
Rosé cursaba clases avanzadas desde que entró a la secundaria y la materia que Leanne estaba viendo ella la había pasado hace ya dos años. Pensó que, quizás, podría serle más fácil enseñarle a Leanne por su experiencia.
—Leanne, las ecuaciones irracionales son más fáciles si tratas de simplificar los factores en la igualdad si son números enteros naturales. —trató de explicar, pero Leanne cerró el cuaderno y hundió su rostro en el colchón.
—No logró entenderlo, Rosé. —resopló— No hay forma de que pueda aprobar el examen.
Podía entender la frustración de la castaña, no era una materia fácil de aplicar. La teoría sonaba bastante sencilla a simple vista, pero cuando tocaba desarmar las ecuaciones para buscar la incógnita, las cosas cambiaban.
Quizás era momento de darle una tregua a Leanne.
Rosé tenía la hipótesis de que Leanne era de las personas que, si no les sale algo en sus primeros intentos, desistían con rapidez. Lo suponía, ya que Will es de la misma forma, pero un poco más catastrófico.
Las veces que ella había tratado de ayudarlo, William se rendía con facilidad al primer error, dudando de sus propios conocimientos. Y, aunque Rosé tratara de aconsejarlo, su hermano se encerraba en sí mismo y no dejaba a nadie entrar.
Leanne y William... eran un tanto parecidos en ese sentido.
—No seas pesimista, Leanne. Nadie entiende a la primera. —trató de alentarla.
Las dos chicas estaban acostadas en la amplia cama de la habitación de Leanne, con cuadernos, lápices, gomas de borrar, calculadoras y libros esparcidos en esta.
—¿Y a la septuagésima sí? —murmuró con la cara aun en el colchón.
—No exageres. —Rosé apoyó su brazo en la cama y con la mano sostuvo su cabeza mientras veía a Leanne— Aún nos falta un intento para llegar a ese número. —bromeó, tratando de consolarla usando esa estrategia.
Leanne soltó una carcajada al escucharla y sacó la cabeza del colchón, girándola hacia Rosé para entrecerrar sus ojos y lanzarle una mirada.
—Eso no mejora la situación, Rosé. —masculló.
Rosé observó la expresión en el rostro de Leanne y sonrió, llevando su mano a la cabellera de la chica y la acarició.
—Vamos, Leanne, solo debes entender el proceso y repetirlo un par de veces. La práctica hace al maestro. Roma no fue construida en un día. —Leanne sintió su garganta secarse— Fallar en el camino es necesario para llegar a tu destino. Si solo te dedicas a caminar en línea recta, sin mirar hacia los lados, no llegaras a ningún lugar realmente.
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Juventud En Primavera
General Fiction«¿Crees que el amor tenga límites?» El polvo cayó cuando la puerta fue abierta y el lugar fue limpiado del pasar de los años, despojándolo de este. Y, solo cuando estuvo completamente limpio, aquel baúl, escondido en el entre techo, se mostró. "La c...
