"En asuntos de amor los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca"
Benavente
.
.
.
05 de mayo, 1985
El ambiente en la habitación era asfixiante. La tensión era tan densa que costaba respirar. Los vellos del cuerpo de Rosé se erizaron, sus manos temblaron tras su espalda e inconscientemente enderezó su postura. La sangre bajo sus venas se congeló y perdió todo el color de su rostro, su sonrisa murió en cuanto sus ojos se toparon con aquellos que varias noches habían sido protagonistas de sus pesadillas.
—Rosemary. —musita, con ese tono que paralizaba el cuerpo de la pelirrubia.
La chica tragó seco, tratando de contener lo que estaba sintiendo. A pesar de que es su padre, el hecho de tenerlo frente suyo después de meses en los que no apareció se sentía intimidante. Su padre siempre se veía de esa forma ante los ojos de Rosé. Un miedo corrompió su sistema, el pánico de haber sido descubierta por él en su salida la estaba asfixiando de la ansiedad.
—¿P-Papá? —susurró con la voz pendiendo de un hilo— ¿Qué...? —su pregunta fue silenciada tajantemente.
—¿Estas son horas de llegar a casa? —inmediatamente la reacción de Rosé fue bajar la cabeza cuando su padre aumentó los decibeles de su tono para luego mirar a la castaña a su lado, igual de paralizada que ella— La chica a tu lado puede retirarse a su habitación mientras que tú me acompañaras a la oficina. —sentenció, moviéndose de la chimenea hasta dirigirse al lugar.
El pánico creció en William. —Papá —intentó argumentar, tratando de salvar a su hermana de lo que venía, pero una simple mirada del hombre fue necesario para cortar sus palabras en seco.
Los ojos de Leanne se cruzaron con los de Rosé, viendo la mezcla intensa de sentimientos que estaba experimentando. Deseó poder calmar, poder abrazarla y decirle que todo saldría bien, pero no podía. Aquello la frustró muchísimo y la llenó de miedo. Recordó las cosas que su novia le había contado acerca del hombre y eso generaba en ella una ansiedad horrible por lo que le podría suceder a Rosé.
La pelirrubia forzó una sonrisa antes de darse la media vuelta y caminar detrás de su padre, quien la esperaba con los brazos cruzados y una expresión impenetrable, dura e inexpresiva. La castaña se quedó en su lugar viendo como su novia desaparecía cuando la puerta de la oficina fue cerrada, dirigió su mirada desesperada al chico en el sofá, pero este solo negó con la cabeza y se levantó, cabizbajo y pasó a su lado.
—Todo estará bien. —murmuró, pero no parecía muy seguro de sus propias palabras.
Con ojos llenos de preocupación Leanne miró la puerta cerrada, apretó sus puños y se dio la vuelta, siguiendo la acción de William. Subió hasta su habitación, cerró la puerta y se quedó allí en medio del silencio con el corazón latiéndole a mil. Las posibilidades de lo que podría pasar allí dentro solo se mostraban en los peores escenarios, dejando a la castaña al borde de la crisis.
Rosé cerró la puerta tras de ella, su sistema y cuerpo en estado de alerta como siempre se ponía cuando el hombre la llamaba a su despacho. Miró como su padre se sentaba en la mesa de su escritorio, llevando los ojos hasta ella. La sangre bajo sus venas se congeló y su corazón dejó de latir al ver esa expresión a la que tanto le temía. Esa expresión de que no había sucedido nada porque Rosé prefería la ira de su padre a su silencio.
Se supone que cuando un padre llega a casa sus hijos deben estar emocionados, felices y cómodos de su regreso. En las películas siempre es así, esa es la forma en que reciben a los patriarcas, pero en la mansión era completamente diferente. En cuanto Charles pone un pie en el lugar hasta los trabajadores se tensan. Todo se siente denso, como si cualquier mínimo error fuera a explotar una bomba. Es parecido a caminar sobre cascaras de huevo, viviendo constantemente con el miedo de romperlas, aun sabiendo que aquello es inevitable.
ESTÁS LEYENDO
Juventud En Primavera
Ficción General«¿Crees que el amor tenga límites?» El polvo cayó cuando la puerta fue abierta y el lugar fue limpiado del pasar de los años, despojándolo de este. Y, solo cuando estuvo completamente limpio, aquel baúl, escondido en el entre techo, se mostró. "La c...
