"Te quiero no por quién eres, sino por quien soy cuando estoy contigo"
Gabriel García Marquez
.
.
.
01 de junio, 1985
Leanne se había escapado de su habitación para ir a la de Rosé como lo hacían casi todas las noches cuando todos dormían. Pensó que dormirían juntas como siempre hasta que el amanecer estuviera por llegar, pero lo que le esperó no fue aquello. La puerta de la habitación fue abierta mientras la castaña miraba hacia todos lados para asegurarse de que no las viera nadie.
Inesperadamente la mano de su novia tomó la suya y la ingresó de un tirón a la habitación. La puerta fue cerrada con delicadeza para evitar ruido. Al instante que el cerrojo fue puesto el cuerpo de Rosé se abalanzó sobre el suyo. Su espalda impactó contra la pared y en un solo movimiento sus manos fueron inmovilizadas sobre su cabeza y sus labios fueron asaltados por los de su novia sin piedad alguna.
Un gemido bajo murió en la lengua de la pelirrubia mientras esta le devoraba la boca a la castaña con ansiedad y necesidad. El beso subió de nivel rápidamente. Rosé la dominó con una pasión desbordante. Parecía una muerta de hambre mientras la besaba con vehemencia. Sus cabezas se movían de un lado a otro al mismo tiempo que sus lenguas se fusionaban en sus cavidades. Su cuerpo fue presionado contra la fría pared, eliminando cualquier centímetro que las separara.
Rosé con una de sus manos libres tomó el muslo derecho de Leanne y lo alzó, metiéndose entre medio de sus piernas. Sus intimidades rozándose, sacándole un jadeo a ambas. La castaña sentía como se mojaba en tiempo récord y sus pezones se endurecían ante la fricción de sus pechos en cada movimiento que hacían. Reconocía la pasión de beso, reconocía el beso que se estaban dando. Solo cuando la pelirrubia la deseaba sentir la dominaba de esa forma.
Leanne sintió la misma desesperación en su cuerpo, burbujeando en su sangre. Había pasado mucho tiempo de la última vez que tenían intimidad. La necesidad crecía en su sistema. La chica soltó sus labios hinchados y húmedos por el beso, hundiendo su cabeza en el cuello de la castaña para comenzar a dar besos en este. Leanne ladeó la cabeza para darle más espacio. Los vellos de su cuerpo se erizaron al sentir la lengua lamiendo su piel con vehemencia.
—Te necesito, bebé. Necesito comerte o moriré —susurró en su oído, haciendo que una electricidad subiera por su columna. Sin dudarlo, sintiendo la misma pasión, se acercó a la oreja de la pelirrubia.
—Te deseo, Rosie —su voz agitada hizo que el cuerpo de la mencionada temblara— Por favor, hazme el amor —imploró, sintiendo que si no tenía a su novia moriría como esta le dijo.
Sus manos fueron soltadas y al instante rodeó los hombros de la chica mientras su boca era devorada una vez más. Sintió como las manos de Rosé comenzaron a tocar todo su cuerpo, desde su cintura hasta subir una mano a uno de sus pechos y apretarlo con suavidad. Un gemido murió en los labios de su novia al mismo tiempo que sus belfos eran mordidos y succionados. Su cavidad siendo saqueada y poseía por la lengua de su novia.
Las manos de Rosé fueron hasta el dobladillo del pijama de Leanne y se lo quitó, dejando sus pechos desnudos a su disposición. Se separaron por la falta de oxígeno y al segundo la castaña arqueó su espalda al sentir como la boca de la pelirrubia se cerraba en su pezón y comenzaba a succionarlo mientras su otra mano estimulaba su otro pecho. Su cuerpo siendo presionado bruscamente contra la pared, sin salida. A Leanne le encantaba ser víctima de los impulsos pasionales de su novia.
La hábil legua delineó sus pezones, lamiendo la aureola y dándole una suave mordida mientras la miraba a los ojos. Esa escena tan erótica hizo que las piernas de Leanne flaquearan. Se derritió en sus brazos de su novia, se afirmó de su cuerpo para no caer al suelo por la estimulación que sentía en ese momento. Perdió la cordura tan rápido que su mente se nubló. La chica estuvo jugando con sus pezones unos minutos antes de volver hasta su boca para atacarla ferozmente.
ESTÁS LEYENDO
Juventud En Primavera
General Fiction«¿Crees que el amor tenga límites?» El polvo cayó cuando la puerta fue abierta y el lugar fue limpiado del pasar de los años, despojándolo de este. Y, solo cuando estuvo completamente limpio, aquel baúl, escondido en el entre techo, se mostró. "La c...
