"Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma"
Julio Cortázar
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16 de abril, 1985
El primer pensamiento que cruz o por la mente de Leanne cuando abrió la escotilla en el techo, luego de subir por la estrecha escalera y ver el espacio en la azotea que la rubia modificó para estar allí sin riesgos, fue: este lugar es demasiado Rosé.
Casi quiso reír al sentir ese deja vú azotarla. Pisando por primera vez aquella bohemia terraza. Es decir, todo ese lugar gritaba en el lugar que Rosé estuvo allí. Podría, mirándolo tan solo una vez, saberlo.
Pensó de inmediato, comparando cada habitación que la mansión poseía, y las que ella había visto; con la casita del árbol, la habitación de Rosé y, ahora, con esta terraza, termino por concluir que, donde fuese que Rosé pisara, el lugar cobraba vida, color, emociones, calidez, sentimientos y brillo.
Podría asemejarse al sentimiento que se expande por tu cuerpo en cuanto llegas a casa. A ese lugar donde te sientes segura, protegida, amada y esperada. Donde fuera que Leanne haya entrado de la mano de Rosé, para ella se sentía de aquella forma, como en casa; hogar.
La pequeña terraza se situaba arriba de la habitación de Leanne, en un acogedor espacio antes del inicio del inclinado tejado a su lado derecho y detrás de ella. El techo de la mansión estaba construido de tal forma que se asemejaba a un triángulo isósceles. Esta forma iniciaba después de donde Leanne estaba parada.
En la orilla de la habitación de Leanne y en la orilla arriba de la habitación de William. lo demás era subida. Y estas planas no estaban en la parte frontal de la mansión, allí había otras figuras que acompañaban la forma principal del techo. Como si estos lugares hubieran estado hechos para ser usados y no quedados en el olvido.
Porque, bueno, si no es por eso, entonces Leanne no entendía la finalidad de la creación de ellos.
La terraza era una extensión plana, casi en su totalidad y estaba rodeada por una rejilla de metal pintada con un color crema, que le llegaba hasta la cintura. El viento primaveral golpeó en su rostro mientras Leanne analizaba más a fondo, esta vez, la forma en la cual la pequeña terraza estaba adornada.
Varios colchones estaban tirados en el suelo para formar una gran cama, cubiertos por unas mantas marrones y unas almohadas beige. Al lado de estos se posaba una pequeña mesita de madera rustica donde varias velas adornaban el lugar, de estas que son especiales para no apagarse con el viento.
También, imposible que no estuviera allí, una pequeña radio estaba al lado de la mesita. Junto con varios discos de vinilo y casetes en el suelo.
Leanne levantó la vista, admirando hasta la más mínima decoración.
En la rejilla a su lado izquierdo, la cual tenía en partes de ella macetas de flores afirmadas por una cuerda, hileras de luces colgaban hasta quedar amarradas al inclinado techo.
El lugar era... simplemente hermoso.
Ella realmente quería saber cómo es que Rosé logró subir todas estas cosas, pero no llegó a otra conclusión que no fuera: es Rosé de quien hablamos. La chica más terca y obstinada que alguna vez Leanne haya conocido. Definitivamente iba a encontrar la forma de subir todo
Es decir, si encontró la forma de hacer suyo el pedazo de techo en el que ella estaba parada no había duda de que subir un simple colchón o una pequeña mesita la detuviese.
El sol aún se encontraba a lo alto del cielo, la vista que tenía Leanne en ese momento eclipsó sus sentidos. Era hermoso. Completamente etéreo. Lograba ver nítidamente las áreas verdes y los colores tan característicos de la primavera en New Spring. También podía ver más detalladamente la montaña que rodea gran parte del condado.
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Juventud En Primavera
Fiction Générale«¿Crees que el amor tenga límites?» El polvo cayó cuando la puerta fue abierta y el lugar fue limpiado del pasar de los años, despojándolo de este. Y, solo cuando estuvo completamente limpio, aquel baúl, escondido en el entre techo, se mostró. "La c...
