Aunque sabía que los problemas con mi madre no habían terminado, aquel momento me dejó un destello de paz en el corazón.
Sinceramente, poco me importo lo que pudieran pensar los demás al verme en aquel estado, seguía jodida, pero al menos la carga se había hecho un poco más ligera.
Al terminar aquel día, me sentí con todas las emociones a flor de piel, cuando salimos ya era pasada la media noche... No lo podía creer, las horas que vivimos, fueron extremadamente intensas.
Mi cuerpo estaba adolorido y mi alma llevaba las heridas abiertas, llegué a casa y me bañé para después intentar dormir, no lo conseguí pues en mi mente todo seguía latente.
Al día siguiente, todo fue distinto, al llegar al curso, pude notar que varios compañeros habían decidido no ir.
Al iniciar de nuevo, el instructor parecía otro, la rudeza con la que había ejercido su rol el día anterior, había desaparecido por completo, ahora se mostraba empático y bondadoso, como un buen amigo en el que podías confiar...
Nos hizo trabajar en la aceptación, no solo la propia, sino también en lo que nos rodea, personas, circunstancias y el perdón, a los demás y a uno mismo, dejar de cargar con culpas innecesarias, y soltar lo que nos duele.
Y claro se dice fácil, pero no lo es, aunque desees liberarte de todo en ese instante, el proceso es lento.
Aquella noche, fue de suma importancia, la mayoría de los presentes salimos con otro semblante, la energía era positiva, estábamos dispuestos a poner en práctica lo aprendido.
Mi vida comenzó a cambiar más de lo que imaginaba solo por aquellos días.
El tercer día, el ambiente fue armonioso, era como estar con tus mejores amigos. El instructor nos regaló palabras de ánimo y paz. Ahora nadie quería que el curso terminara, nadie quería irse.
Al final del día, nuestras familias debían estar presentes para la clausura, nosotros debíamos tener a la mano una flor, para entregarla a quien fuese a acompañarnos.
Algunos compañeros recibieron grandes detalles, flores, globos y más, algunos de ellos, tristemente se quedaron solos, sin nadie que viniera a buscarlos, por suerte el cariño y los recientes lazos de amistad que se habían forjado hicieron que aquellos pudieran sentirse también queridos.
Para mí sorpresa, mi familia asistió, lamentablemente, fue por pura formalidad, no hubo ninguna cercanía, aquello me dolió, pero no dejé que fuera un motivo para dejarme vencer el ánimo y la nueva actitud que tenía, las renovadas fuerzas para seguir adelante.
Al volver a casa, me di cuenta de la realidad, algo en mi había cambiado, pero mi vida, seguía siendo la misma.
¿Cómo luchar contra corriente cuando estás rodeado de porquería?
Desde aquel curso intensivo, traté de vencer mis demonios, olvidar mis fracasos y levantarme una vez más.
Dejar de cortarme no era sencillo, enfrentar mis problemas sin hacerlo, requería voluntad.
Aceptar mi reflejo en el espejo era aún un tema delicado, pero al menos, intentaba no volver a provocarme el vómito.
Quería, en verdad quería sanar, aquel pequeño impulso que necesitaba, se encontraba ahí, justo frente a mi.
Por el momento, deje de sentirme como una bomba en cuenta regresiva a punto de explotar, y me sentí más como un ave, como un ave que estuvo demasiado tiempo aferrado al árbol en el que estaba que había perdido la sensibilidad en las alas, pero que ahora, estaba dispuesta a dejarlo atrás para volver a emprender su vuelo.
Quería y necesitaba aferrarme a los pensamientos positivos, y tener fe, que aún sin saber cómo, de ahora en adelante, tenía que ser yo misma, ser feliz.
Debía dejar de sentir miedo y volver a brillar, tal como lo hace la luna cuando la noche es más oscura.
No debía rendirme, aunque todo a mi alrededor se derrumbara.
Sabía que me esperaban nuevos retos, pero sin duda, ahora tenía nuevas herramientas para salir adelante.
Aprendí que tengo derecho a ser feliz, derecho a ser yo misma, derecho a decir "no" cuando siento necesario, derecho a hablar de quién soy y como me siento, derecho a equivocarme, y a cambiar de opinión.
Aprendí que no puedo cambiar a nadie, sólo a mi misma, aprendí que no todos aman como yo lo hago, que al hacerlo, entrego todo.
Aprendí, que confiar, no significa ser ingenuo, que el verdadero amor no es ciego, es razonable.
Aprendí, que las heridas no las cura el tiempo, las curamos nosotros cuando decidimos dejar de arrastrar lo que tanto nos duele, cuando decidimos perdonar a otros y perdonarnos a nosotros mismos.
Aprendí, que la vida es hermosa, y renunciar a ella significaría renunciar al futuro que nosotros mismos podemos construir si no dejamos que nos lleve la corriente.
Aprendí, que vale más una amistad sincera, que estar rodeado de personas mientras por dentro te sientes solo.
Aprendí, que tomar decisiones requiere el corazón, pero también la razón, y estos siempre deben estar de acuerdo.
Aprendí, que no importa cuántas veces te caigas, lo importante es siempre levantarte.
Aprendí, que el mayor amor que uno debe tener, es el amor por uno mismo. Sin caer en el narcisismo ni arrogancia.
Aprendí, que para ser grande, se necesita humildad.
Aprendí, que la familia no es la sangre, si no hay amor, si no hay apoyo, si no hay respeto ni comprensión.
Aprendí, que tú familia si la puedes escoger tú. Cuando escoges a base de buenas decisiones a una pareja, a tus amigos, personas con las que la relación sea recíproca, dónde te motiven a ser mejor cada día y te den su amor, su respeto, su atención y apoyo.
Aprendí, que lo material no da la felicidad, sino los momentos sagrados de tu vida.
Aprendí, que sentir miedo no es malo, lo malo es limitarse. Y no enfrentarlo.
Aprendí, que cada uno puede abrazar aún a su "niñ@ interior", y darle todo lo que le haya hecho falta.
Aprendí, que es mejor tener cicatrices por valiente, que tener la piel intacta por no haber hecho nada.
Aprendí, que uno es dueño de su propio destino.
Aprendí, que uno jamás deja de aprender en esta vida... Por qué si dejas de aprender, dejas de servir, dejas de vivir...
Y ahora...
Lo más fascinante era que no sabía que lo mejor de mi vida hasta ese momento, estaba por llegar...
Por fin, después de tanto, estaba por conocer a mi princesa...
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Mi princesa
Teen FictionJordan es una joven que a pesar de sus miedos, sus problemas internos y externos, las grandes preguntas sobre sí misma y la vida, lucha por no dejarse vencer. En el proceso de crecimiento personal, conoce al amor de su vida, su princesa...
