Muchas veces he escuchado que todos somos parte de un juego llamado destino.
Que éste se escribe incluso antes de que nacemos, qué es nuestro destino vivir cada cosa que nos pasa.
Y así, a través de la vida, del tiempo, del mundo y de la historia, las personas buscan ceder la responsabilidad de su propia vida a cualquiera que no sean ellos mismos; algunos creen que su vida es controlada por el destino, el karma, suerte, o un ser supremo al que llaman "Dios", expresan ideas como "si dios quiere" cuando precisamente estamos "hechos" de libre albedrío, y las decisiones y sus consecuencias solo son el reflejo de nosotros mismos, total que responsabilizan a alguien más de su camino, y otros muchos seres humanos prefieren culpar para toda la vida a sus padres por la clase de vida que ellos mismos eligieron, la clase de vida que suele involucrar drogas, alcoholismo e inestabilidad emocional, física y social, y no están dispuestos a cambiar, y salir de ese abismo; se autocompadecen y justifican sus acciones de manera incesante, sin reconocer qué, en ellos mismos está el poder, el poder de tomar mejores decisiones, el poder de romper las cadenas del dolor, el poder de superar el pasado amargo y respirar el "segundo aire".
Y entonces, la vida se vuelve un círculo vicioso, dónde en vez de levantarse de su estado de conformismo, se quedan como víctimas eternas.
Eso le pasó a mis padres...
Mi padre culpo a su padre por su alcoholismo, y mi madre culpo a su madre por su abandono, y así ambos se convirtieron ellos mismos en lo que decían más odiar en la vida, una copia de sus propios padres, víctimas eternas de su autocompasion, dejaron ir su vida lamentándose y justificandose, echando culpas a otras personas, cuando ya como adultos podían resolverse a ser diferentes.
Dicen por ahí, "los hijos no tienen derecho a juzgar a sus padres". Partiendo de este punto, quiero dejar en claro dos cosas:
1) Juzgar significa determinar el resultado final, o lo que la persona merece a consecuencia de sus actos. Y nadie tiene derecho a juzgar a nadie.
2) Hablar de hechos, analizarlos y resolverse a no cometer los mismos errores de otras personas, no es juzgar.
Veo los errores de mis padres y concluyó dos cosas, sé que no quiero hacer lo mismo, lo que implica, cortar las cadenas emocionales del dolor.
Y además, hoy puedo y debo elegir que quiero y tengo que hacer con mi vida, debo ser responsable de mi misma en todo sentido. Dejar de responsabilizar a otros por mi dolor y mis decisiones.
Pero exacto, no cualquiera tiene el valor de asumir su responsabilidad, y de hacerse cargo de si mismo emocional y psicológicamente, no cualquiera abre y examina sus heridas para decidir curarse.
Las heridas emocionales son como las heridas físicas, algunas son simples raspones, y otras necesitan más cuidado, necesitan curación y atención continúa, hasta que finalmente sanen, las heridas emocionales más graves, no pueden simplemente encerrarse en el alma y dejarlas ahí como si nada, por qué al igual que una herida puede infectarse, el alma y el corazón también lo hacen, cuando se ignora aquel sentimiento doloroso que marco toda tu vida y simplemente tratas de ignorarlo sin tomarte el tiempo de curarle, tu mente, tu cuerpo y tu alma se enferman y vas muriendo lentamente por dentro; a diferencia de las heridas físicas, nunca es tarde para curar una herida emocional.
Cómo dije, para mí la vida no es parte de un destino...
Pero, si así fuera ¿Qué de interesante tendría la vida?¿De qué serviría quebrarse la cabeza pensando en que decisiones tomar? Sencillamente no tendría sentido planear, ni desear, o aprender de los errores...
Sin embargo, para los que creemos que el destino no está escrito, sino que se construye, nos cae encima todo el sentido de responsabilidad, consecuencias y a veces culpa. A veces nos llenamos de incertidumbre, o nos lamentamos pensando "ojalá hubiera hecho las cosas diferentes".
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Mi princesa
Ficção AdolescenteJordan es una joven que a pesar de sus miedos, sus problemas internos y externos, las grandes preguntas sobre sí misma y la vida, lucha por no dejarse vencer. En el proceso de crecimiento personal, conoce al amor de su vida, su princesa...
