V e i n t i s i e t e

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Después de varios minutos conduciendo por la ciudad, encuentro finalmente lo que estoy buscando y Caelan dirige automáticamente su mirada hacia el lugar.

—¿Hablabas en serio?

—No suelo bromear mucho.

Sonríe

—Bueno, esto será divertido.

Aparco el auto fuera del estudio y me bajo felizmente de él. Ya es muy noche, pero estos lugares usualmente cierran por la madrugada, sobre todo los fines de semana. Supongo que es cierto eso de que los borrachos siempre quieren hacerse tatuajes. Ellos tienen que aprovechar.

—¿Y qué quieres hacerte? —me cuestiona Caelan cuando entramos.

El estudio está completamente cubierto de mármol blanco y de un montón de diseños en las paredes. Hay luces neón pegadas a las orrilas de las paredes y huele a un desinfectante muy fuerte, se nota que lo mantienen limpio.

—Buenas noches —nos dice una chica saliendo de un cuarto—. ¿Puedo ayudarlos?

—Quiero taturme.

Noto a Caelan sonreír por mi ilusión.

—¿Tienes algún diseño en mente?

—No en realidad. ¿Me das unos segundos?

—Por supuesto. Y si no te convencen los de la pared en el mostrador está un catálogo.

—Muchas gracias.

Con una sonrisita, tomo la mano de Caelan y lo arrastro conmigo a la primera pared.

—Nunca te había visto tan entusiasmada.

—No es cierto. Me entusiasmo por tener sexo contigo.

—Nunca te había visto tan entusiasmada con algo que no sea el sexo —se corrige.

—Contigo.

—Conmigo.

—Bueno, es que, no lo sé. Es especial.

—¿Por qué?

—Porque lo estoy haciendo contigo.

—Conmigo —repite con una risita.

Me quedo mirando una foto que está pegada en la parte más baja de la pared, pero no le estoy prestando atención en realidad. Solo pienso que ya sé que tatuarme y lo mucho que eso me emociona.

—Lo tengo —murmuro.

—¿Qué? —Caelan no parece entenderlo.

—Escoge un lugar de mi cuerpo.

—¿Qué? —repite—. ¿Solo uno?

Me rio.

—Para el tatuaje, Caelan.

—Ah... bueno —lo piensa unos segundos, pasando su mirada por mi cuerpo logrando que se me acelere un poco la respiración—. Tal vez la muñeca, o detrás del cuello. También sería un buen lugar en tu cadera —va pasando un dedo por cada lugar que menciona y como ya no llevo saco el contacto en mi nuca me hace estremecer—. O aquí.

Debajo de mi pecho derecho, en las costillas.

Se me escapa un leve jadeo y ambos sabemos que es el lugar que elegiré.

—Ahí.

—¿Te gusta?

—Me encanta.

—Bien.

Retira la mano cuando escuchamos los pasos de la chica saliendo de la habitación.

—¿Has elegido?

Me aclaro la garganta antes de hablar.

El poder del deseo #1 B.P  [✔]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora